Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 16 de junio de 2006
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Otra vez la Bandera
SANCHO

No son muchas, al menos hasta ahora y esperemos que sean más, las satisfacciones que nos ha dado la selección española de fútbol. Por eso me da muchísima rabia que haya quienes se empeñan en amargarnos la catarsis colectiva que vivimos el miércoles pasado con la victoria frente a Ucrania.

Aquellos tiempos en que los triunfos deportivos se utilizaban para intentar disimular la situación política o social de nuestro país son ya cosa del pasado. De todas formas resulta innegable el gran momento, casi triunfal, que vive el deporte español. El Barça se llevó la ‘Champions’. Alonso es más líder que nunca en la Fórmula 1 y hasta soportamos de buen grado tener que oír ‘La Marsellesa’ después de nuestro himno. Nadal se impuso otra vez, frente al disgusto y la impotencia de la parroquia francesa, sobre la tierra batida de Roland Garros. Hasta nuestro diputado ‘pacoantonio’ es noticia por algo al habérsele concedido la Medalla al Mérito Deportivo aunque, a pesar suyo, se la hayan tenido que dar los socialistas.

El triunfo de nuestra selección permite disfrutar además de algo tan poco habitual como es el poder ver ondear las banderas de España. Eso sí, es una auténtica pena que su uso se vea teñido, otra vez más, por la polémica y la confrontación entre ideologías enfrentadas y que aprovechan la ocasión que les presta el fútbol para su particular y cansina ‘guerra’.

Resultan demasiado estúpidas y repetitivas tanto la postura de la gente de izquierdas que no se siente representada por la bandera de todos, como la de los de derecha que se han apropiado de uso como si fuera algo sólo de ellos. Se unen, a tan paranoico panorama, los patrioterismos nacionalistas que encima pretenden dárselas de ‘progres’ y utilizan sus respectivas banderas como símbolo de rechazo frente a la nacional.

Esperemos que los chicos de Luis Aragonés nos den la oportunidad de que, al menos durante un mes y pico, todos nos veamos representados por la misma bandera y que no la usemos para darle con el palo al vecino de al lado. Tampoco pido tanto, sólo que nos comportemos como un país medianamente normal. Eso sí, no tendré la satisfacción de ver las Ramblas de Barcelona o las calles de Bilbao abarrotadas de gente en el muy hipotético caso de que ganáramos el Mundial. Veo, con cierta envidia, como se exaltan los sentimientos nacionales en otros países y echo de menos el que no lo hagamos con el nuestro.

No es mala la oportunidad de contemplar como el fútbol rompe fronteras y por unos días se dejan de lado los problemas de lenguas, de procedencias o de credos. Aquí, aunque algunos árbitros se empeñen en demostrar lo contrario, las reglas son las mismas para todos y todos hablan el mismo lenguaje, en este caso el del fútbol.

No estaría mal que el espíritu deportivo, el reconocer al adversario, el jugar todos con las mismas reglas, en resumen, el convivir y disfrutar, pudiera trasladarse a los habituales escenarios de confrontación tanto nacionales como internacionales.

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