Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

@ Email








El Observatorio del Escudero
Ceuta, 19 de mayo de 2006
 BLOGS
Un drama de imprevisible desenlace
SANCHO

El método elegido no importa demasiado. En pateras, intentando el salto de verjas cada vez más sofisticadas, ocultos en un camión, en cayucos, da igual. Eso sí, bajo el común denominador de poner en riesgo la vida para alcanzar algo que se les antoja casi como un paraíso aunque luego resulte un fiasco o una quimera.

Ya las cifras importan bien poco. Los medios de comunicación siguen confeccionando con ellas sus titulares como si sólo importase la consecución de algún tipo de récord. Los partidos políticos las usan para tirárselas mutuamente a la cara, importándolos bien poco, quizás nada, el drama humano de la inmigración.

Ahora mismo, en cualquier recóndito punto de África, una familia vende la miseria que posee para que su hijo intente llegar a Europa. Puede que en cualquier punto del Atlántico algunos estén muriendo ahogados mientras se afanan en alcanzar su particular mito. Otros estarán siendo deportados y muchos más, irónicamente los más afortunados, malviven por las calles después de alcanzar su objetivo.

Lo más escalofriante de este drama es que estos inmigrantes que ahora están llegando a Canarias, al igual que los que arribaban a las costas andaluzas, afirman conocer perfectamente el riesgo que corren de perder sus vidas. Que aún así, no les importa y que, si son deportados, volverán a intentarlo una y otra vez.

No se encuentran fórmulas adecuadas para frenar la avalancha de los que huyen de la miseria y del hambre. Se hicieron legalizaciones de inmigrantes y el fenómeno se incrementó aún más. La única solución posible está en que el freno se ponga en los países que son punto de partida y eso, ahora mismo, es una auténtica utopía.

El gobierno español ha afirmado, por boca de su portavoz, que los que entren ilegalmente tendrán que salir. Como frase puede quedar muy bien pero, con todo el respeto del mundo, es una ‘boutade’. Si el gobierno ultra conservador de  Bush no es capaz de controlar a los más de doce millones de inmigrantes ilegales que hay en Estados Unidos, no parece de recibo que un gobierno como el español, al que se le supone situado en la izquierda y por tanto defensor de los derechos humanos, se dedique a la deportación sistemática de los inmigrantes ilegales que viven en España.

Tampoco se deberían adoptar posturas farisaicas. La mano de obra que suponen estos hombres y mujeres también tiene su importancia dentro del marco de la economía española. Además se compensa el crecimiento demográfico, negativo en los países desarrollados, con el incremento de población procedente de los inmigrantes.

Insisto en que las posibles soluciones pasan por la colaboración con los países de origen pero esto estaría muy por encima de las posibilidades del gobierno de España. Sería más bien Europa quien debería poner manos a la obra, no con declaración de intenciones sino de verdad. Francia, Inglaterra, Bélgica, Holanda, Alemania, Italia… tienen una deuda pendiente de sus años de colonialismo infinitamente superior a la que pueda tener España. Eso sí, a algunos su situación geográfica les permite ver el problema desde una postura bastante más cómoda.

El dar un cauce adecuado a la inmigración es ahora mismo el principal reto de una Europa que vive de espaldas a uno de sus  problemas más serios.

El autor del weblog es el único responsable de su contenido ya que este website no interviene en forma alguna en su redacción.