Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 21 de abril de 2006
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El genio de Mozart
SANCHO

Durante todo este año se conmemora el doscientos cincuenta aniversario del nacimiento, un 27 de enero de 1756 en Salzburgo, de Wolfgang Amadeus Mozart, genio entre los genios, que moriría sólo 35 años después en Viena. Precisamente esta vida tan corta es una de sus características más sorprendente al ser capaz de, en tan pocos años, componer una obra tan vasta y además dejarnos una huella imborrable para la historia de la música.

No tuvo Mozart una vida fácil. Sin ir más lejos fue enterrado con una pobre ceremonia y en una tumba sin nombre. Fue despreciado y envidiado por los maestros de su tiempo que, en sus poco abiertas mentes, no podían asimilar la grandeza de alguien que con sólo cinco años escribió su primera composición y a los seis tocaba ante la emperatriz de Austria.

Tuvo que mendigar el favor de los poderosos sin conseguirlo en muchas ocasiones y la influencia de su padre marcó su vida. Leopold Mozart siempre pretendió marcar las directrices de la vida de su hijo y eso conllevó incomprensiones mutuas que acabaron distanciándolos.

Son innumerables los conciertos, exposiciones, colecciones de todo tipo que se han editado e interpretaciones que se han realizado, se están realizando y se realizarán. Estás últimas tendrán su punto álgido a primeros de Diciembre coincidiendo con el aniversario de la muerte del maestro. Las habituales visitas turísticas a Salzburgo y Viena se han multiplicado de forma asombrosa mediante las más variopintas ofertas.

Este espectacular interés por la vida y obra de Mozart supone algo casi insólito, pues se ha convertido a un compositor del siglo XVIII en un auténtico ídolo del consumo de la cultura de masas. Cuesta trabajo entender como, cuando siempre se ha tenido a la música clásica como algo selectivo, llega a encandilar a niveles muy superiores a los de los macro conciertos de los ídolos de la música actual.

Particularmente no me sorprende demasiado que se idolatre al genio nacido en Salzburgo. Mi mujer y mis hijos son melómanos declarados. El apasionamiento de ella por Mozart no es de ahora ni nada que tenga que ver con las modas de última hora. Es algo habitual para mí desde hace años el verla, con sus auriculares puestos, descansar totalmente ensimismada y feliz, mientras escucha una y mil veces el Réquiem. Afirma que es la música perfecta para evadirse de la agobiante cotidianeidad.

Conozco a selectos seguidores de Bach, de Beethoven o de Mahler que cautivó en los noventa. Mozart los pone a todos de acuerdo en que su música siempre estará presente porque es eterna. Sus misas, sus cantatas, sus sinfonías, sus conciertos de piano, de violín, sus cuartetos de cuerda, sus sonatas de piano, sus óperas, son imaginación, son pura fantasía, son la luz.

Son obras que nunca cansan, que logran algo tan difícil como es ponernos de acuerdo. De acuerdo en la supremacía del arte, de acuerdo en la tranquilidad de espíritu que transmiten, de acuerdo en que la música de Mozart es la medicina perfecta para intentar paliar las preocupaciones del día a día.

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