Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 31 de diciembre de 2005
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Ceuta, ciudad maquillada (Anuario El Faro de Ceuta)
SANCHO
En ocasiones, estos días navideños son el momento propicio para el reencuentro con familiares, amigos o conocidos que llevaban algún tiempo sin visitar la tierra que les vio nacer. La gran mayoría de ellos, aunque impregnados por la nostalgia de comprobar como casi nada es igual a la Ceuta que conocieron, se deshacen en elogios, parabienes y admiraciones hacia el enorme cambio experimentado por nuestra Ciudad. Surgen, de forma inevitable, ciertas discrepancias con algunos de estos cambios. El nuevo aspecto del Paseo de las Palmeras o la Plaza de la Constitución, ‘el Puente’ para los antiguos, puede que sean los que se llevan la palma en cuanto a echar de menos su anterior aspecto. Un poco más acerbas, y con toda la razón del mundo, son las críticas de aquellos que vivieron o conocieron tantos patios y pasajes perdidos de forma irremediable por la avidez de terrenos de inmobiliarias y demás entes del mundo de la construcción. El Cebollino, el patio la Tahona, el pasaje Fernández, el patio Hachuel, el patio don Juan… son nombres que, desgraciadamente, irán cayendo en el olvido con el inexorable paso del tiempo y sólo serán un recuerdo para nostálgicos. Es éste un tema al que quizás he recurrido en demasiadas ocasiones. Mis razones son más que fundadas pues este asunto ha causado profundas heridas, no físicas sino en el alma, a seres muy cercanos y muy queridos. Pocos, demasiado pocos, han sido los que han alzado su voz en contra de la pérdida de estos trocitos de Ceuta. Merecían otro destino distinto al de la desaparición ya que, aunque pequeña, eran parte de una identidad, la nuestra, que se nos está yendo de las manos. Nuestros visitantes ocasionales, ceutíes de la diáspora, tienen ya su vida lejos de su tierra. Vienen para disfrutar unos días que seguro pasarán en buena compañía, disfrutando de nuestras preciosas vistas, saboreando un delicioso ‘pescaíto’ que ya tendrían medio olvidado, gozando de nuestras playas (si la visita es veraniega)… en definitiva, días de descanso y alejamiento de las preocupaciones. El caso es que el estado de su Ciudad es bien distinto. Ceuta no goza de buena salud. Está, por lo menos, pachucha. No quiero dármelas ni de augur, ni de analista económico (entre otras cosas porque no lo soy), por eso no quiero aventurarme a dictaminar si la enfermedad es leve, de pronóstico reservado o grave. Ahora bien, tengo meridianamente claro que maquillando a la enferma lograremos que presente un buen aspecto, puede que excelente, pero no vamos a curarla. Recientemente el gobierno de Ceuta aprobó sus Presupuestos para el 2006. De nuevo se ha perdido una magnífica oportunidad de tomar algún tipo de iniciativa para poner remedio, o al menos intentarlo, a los males que aquejan a la Ciudad. Pues nada de nada. Así que, remedando a Marx (a Carlos no, a Groucho), ‘más maquillaje’. Juan Vivas sigue con su política de ponerle buena cara a casi todo el mundo, que todo parezca bonito de cara a la galería, sonrisas y más sonrisas, besos y saludos hasta en las procesiones. Si no fuera porque Zapatero ya se anticipó en la idea y que además sus partidos son algo más que rivales, podría aplicársele lo de ‘talante, mucho talante’. Problemas como la crisis del comercio, el paro, las viviendas para jóvenes, la educación universitaria, las navieras y sus abusos, la fragmentación social… no tienen ni siquiera un atisbo de solución, con la gravedad que representa el que éstos seguirán creciendo y creciendo mientras no se les ponga remedio. El dinero de los Presupuestos, nuestro dinero, se gastará en unas nóminas que ya rozan el escándalo, en sospechosas subvenciones, en contratos que para nada valen y en actos de mucho relumbrón pero vacíos de contenido. Encima se intentan justificar con la inversión en la Manzana del Revellín. Sólo con nombrarla ya se huele la podredumbre de tan jugosa carambola a varias bandas y que ya ha sido puesta en entredicho por diversas sentencias judiciales de los tribunales andaluces. Surgirán las voces y las plumas diciendo que ya estamos con el catastrofismo de siempre. Echarán mano a sus excelentes resultados electorales en Ceuta que, probablemente y ante tan penosa oposición, podrán repetirse gracias precisamente a esta política que se mueve entra las dádivas y la limosna, pero el estado de salud de la Ciudad no va a mejorar por mucho maquillaje que le pongan.
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