Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 4 de noviembre de 2005
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Resurgen los fantasmas del 32
SANCHO

Es muy probable que estas fechas del año sean las más apropiadas para hablar de fantasmas y demás. Por una parte celebramos ese reencuentro anual con nuestros muertos y que también sirve para ver de nuevo a muchos vivos con los que parece sólo nos encontramos de año en año en el cementerio. Por otro lado ya no hay quien nos libre, gracias a nuestro secular papanatismo, de la dichosa fiesta de "Halloween" que dicen, cosa que lamento profundamente, se encuentra ya en tercer o cuarto lugar del ranking de las festividades anuales.

Los fantasmas a los que aludo no deberían recibir tal denominación pues, al contrario de los espíritus, tienen total y absoluta corporeidad. Les llamo así porque sacan de nuevo a la palestra ideas y argumentos que fueron defendidos por ilustres y no tan ilustres personajes que hace ya mucho tiempo no andan por el mundo de los vivos.

Me estoy refiriendo al debate del pasado miércoles tras el que nuestro Parlamento aprobó el inicio de la tramitación del Estatut remitido por el Parlament de Catalunya. Da la impresión que tenemos que encontrarnos una y otra vez en la misma encrucijada y además algunos parecen olvidar lo virulentas que fueron las anteriores y las tristes confrontaciones que ocasionaron.

En 1918 fue el momento de Cambó, Maura, Lerroux, Dato, Romanones, etc. Tiempos en los que se producían hechos tan insólitos como el que los nacionalistas vascos apoyasen al gobierno central, tiempos en que socialistas y republicanos se traicionaban entre sí, tiempos en los que ya se hablaba de que España no sería una nación, sino sólo un Estado, con Cataluña, Vasconia, Galicia, Castilla y quizá alguna más confederadas.

En 1932 le llegó el turno a Manuel Azaña, Gil Robles, Macià, Companys, etc. Tiempos en los que el filósofo Ortega y Gasset, entonces diputado por León, definía a Cataluña como un problema continuo en la historia de España. Tiempos en los que Azaña defendía el Estatut desde otra óptica y afirmaba "los catalanes dicen: queremos vivir dentro de otra manera dentro del estado español".

Han pasado 73 años de aquello y parece que no nos hemos movido ni un ápice. Zapatero, Rajoy y demás están muy lejos de la dialéctica de entonces, pero tanto ellos como cualquiera de los otros portavoces podrían haber plagiado los discursos de Azaña u Ortega y casi nadie se habría dado cuenta.

Como si tanta historia y tanta tragedia vivida no hubieran servido para nada seguimos inmersos en la confrontación y no en un debate sensato que resuelva esta casi eterna cuestión. Desde "copes", "faes" y augures de toda laya sólo se nos vaticina la debacle. Desde el gobierno, por boca de Zapatero, se nos presenta un discurso pobre, inseguro y que parece cargado de dudas.

La Constitución de 1978, al otorgarle la autonomía a nacionalidades y regiones, inició un camino que perfectamente podría terminar en una España federal. Será cuestión de dejar de lado las posturas inmovilistas, de dialogar pero de verdad, de olvidarnos de monsergas como la de que España va a desaparecer.

España no va a desaparecer, España va a cambiar su organización y acogerá a todos los que se encuentren a gusto dentro de ella, con sus derechos, con sus obligaciones y sobre todo con el respeto y la solidaridad hacia los demás.

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