Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 25 de noviembre de 2005
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Reinado agridulce
SANCHO
Han pasado 30 años de aquella mañana del 22 de noviembre de 1975 en la que, mientras el cuerpo de Francisco Franco aún yacía expuesto a las visitas de sus seguidores y de algún que otro curioso, don Juan Carlos de Borbón (nombrado por el dictador como su sucesor a título de Rey) accedía al Trono de España mientras escuchaba a Rodríguez de Valcárcel, presidente de las Cortes franquistas, dar los gritos de ¡Viva el Rey! y ¡Arriba España!

Treinta años después la segunda de las exclamaciones, afortunadamente, ya nos suena como algo anacrónico. En aquel momento tenía total vigencia pues no debemos olvidar que don Juan Carlos había jurado solemnemente en dos ocasiones las Leyes Fundamentales del Estado Nacional. Primero como Príncipe de España y luego al acceder a la Jefatura del Estado tras la muerte de Franco.

Tres años después juraba la Constitución de 1978 lo que, desde algunos puntos de vista, se consideró como una violación al juramento de fidelidad realizado anteriormente a favor de las Leyes Fundamentales. Como la situación tenía su intríngulis, se buscó la explicación de que el Rey hizo aquellos juramentos a las leyes franquistas ‘bajo reserva de conciencia’ con el fin de legitimar su dinastía y poder alcanzar una España democrática.

Ante la hipótesis de que, en un futuro, don Juan Carlos tuviera que pronunciar un solemne y nuevo juramento, cabría preguntarse si lo haría o no bajo algún tipo de reserva. De todas formas los juramentos no son lo que eran pues muchos políticos los siguen pronunciando y luego los incumplen con la mayor de las desvergüenzas.

El caso es que el Rey supo sortear las enormes dificultades que le salieron al paso y, apoyado en Adolfo Suárez, puso en marcha un proceso imparable (en menos de dos años se celebraron elecciones libres) para que España se convirtiera en una Monarquía parlamentaria. Se aprobó la ahora cuestionada Constitución y se tuvo que salvar el peligroso e inquietante escollo del 23 de febrero de 1981 en el que los enemigos de la democracia hicieron su último intento de acabar con el camino iniciado. La firmeza de la Corona se hizo patente y el edificio constitucional y democrático se mantuvo en pie.

Treinta años de reinado dan para mucho pero frente a la casi unanimidad sobre las bondades del mismo también deberían caber algunos asuntos no tan loables. Ciertas actitudes del Monarca en el mundo de los negocios al relacionarse con personajes como Mario Conde o Javier de la Rosa son más que discutibles. El que se demostrase judicialmente la implicación de su administrador privado, Manuel Prado y Colón de Carvajal, en el pago de cantidades para favorecer intereses de la familia real kuwaití. El recibir ostentosos regalos (barcos, coches, motos…) que serían inadmisibles en cualquier Jefe de Estado europeo. El tener un oscurantismo absoluto sobre la aplicación que hace de los fondos que recibe provenientes de los Presupuestos del Estado y que pagamos entre todos los españoles. Todo ello ha sido prácticamente cubierto por la autocensura mediática.

Pese a que este reinado tenga la aceptación general, algunas actitudes pueden ir socavando, aunque sea muy lentamente, la credibilidad de una Monarquía que otros tendrán que heredar y puede que no con las mismas licencias que se le permitieron a su antecesor.

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