Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 14 de octubre de 2005
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La casi olvidada bomba atómica
SANCHO
Alfred Nóbel, el químico sueco que inventó la pólvora dinamita y otros explosivos de gran poder destructor, en su testamento dispuso que toda su fortuna se destinara a la concesión de cinco premios anuales. Uno de ellos, el de la Paz, puede que elegido para aliviar en algo su mala conciencia al haber dedicado todo su saber a inventar productos tan destructivos.En estos días el premio Nóbel de la Paz ha recaído en la Agencia Internacional de Energía Atómica, representada en la persona de su presidente, el egipcio Mohamed El Baradei. Por sus esfuerzos para prevenir que la energía nuclear sea utilizada para objetivos militares y asegurar que la energía nuclear para objetivos pacíficos sea lo más segura posible.Desde luego que no hay nada más loable en pro de la paz que el control de la energía nuclear, pero si observamos todo lo ocurrido en torno a esta energía y su enorme capacidad de destrucción el galardón resulta un auténtico sarcasmo. Éste tampoco es demasiado llamativo cuando han recibido esta distinción personajes tan discutidos como Henry Kissinger que sembró el terror, a través de los servicios secretos estadounidenses y otros servicios paralelos, en muchos países de Centroamérica y América del Sur.Lo que ocurre con el Nóbel de la Paz es que, según vaya transcurriendo el devenir de los acontecimientos en este mundo, lo que ayer podría parecer como un auténtico dislate hoy puede ser comúnmente aceptado. El mismo Mohamed El Baradei no hace demasiado tiempo, cuando se gestaba la invasión de Iraq, estuvo altamente cuestionado por no hacer todo lo posible para encontrar las dichosas armas de destrucción masiva. Evidentemente no se podían encontrar simple y llanamente porque no existían. Tampoco esto preocupó demasiado a George W. Bush que desató la guerra y, tras su supuesta finalización, ahí sigue día tras día el reguero interminable de iraquíes muertos y sin que se atisbe un final.El caso es que la amenaza atómica sigue ahí, latente pero con plena vigencia. A los primeros países que formaron ese selecto "club" de poseedores de tan mortífera arma se les han unido otros como India, Pakistán e Israel, potencias mucho menores, que se encuentran sumidos en situaciones de conflicto permanente con países vecinos. También entró China en el club atómico y este país sí que es una total y absoluta incógnita, aunque de su potencial de cara al futuro pocos podrán dudar.Ahora mismo el mayor peligro sobre la posesión de armas atómicas, de mayor o menor calibre, viene dado porque puedan caer en manos de grupos terroristas o incluso de cuatro locos. El control sobre estas armas es muy grande pero, como su proliferación no cesa, cualquier desaprensivo al que se le remunere adecuadamente puede poner en manos de terroristas una de estas mortíferas armas.Lo más lógico, aunque absolutamente utópico, sería que desapareciesen todas. Y que nadie olvide que se cumple el sesenta aniversario de que el gobierno democrático de EE.UU lanzó bombas atómicas sobre la población civil de Hiroshima y Nagasaki. Si esto fue así ¿de qué no sería capaz un grupo terrorista?Lo que verdaderamente degrada al ser humano es que se acepte la existencia de un arma concebida no ya para la destrucción sino para la aniquilación, es decir para la nada.
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