Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 23 de septiembre de 2005
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Florentino Pérez, Maquiavelo del siglo XXI
SANCHO

Pocas dudas, mejor dicho ninguna, podrán albergarse sobre la personalidad del superpoderoso empresario Florentino Pérez, presidente de ACS grupo constructor del que posee acciones con un valor actual en Bolsa de 575,9 millones de euros (pongo la cifra casi por ponerla pues la magnitud de la misma se me escapa, cosa que supongo le ocurrirá al común de los mortales), que parece aspirar a ser recordado por los siglos de los siglos como algo similar al "sumo hacedor" del Real Madrid. Se me antoja el personaje como la reencarnación de Nicolás Maquiavelo, estadista italiano del siglo XVI, natural de Florencia (por lo tanto también "florentino") y que forjó una teoría de gobierno famosa por aquello de que "el fin justifica los medios".

Si Florentino Pérez ha llegado donde ha llegado dentro de un mundo, tan ferozmente competitivo y tan sospechoso, como el de las empresas de construcción, será porque en muchas ocasiones se habrá mostrado duro e inflexible; no le habrá temblado el pulso a la hora de decidir y habrá pasado por encima de donde le haya parecido oportuno pasar.

Cuando lo veo o escucho en alguna entrevista, en ese tono melifluo y bisbiseante y con esa carita de no "haber roto un plato en su vida", más me parece estar escuchando a un obispo (por su nivel mejor cardenal) que a un empresario con tantísimo poder y que ha convertido al Real Madrid en un grandísimo negocio.

Con la no impugnación del partido del pasado domingo frente al Espanyol, el presidente madridista, ha dado una magistral lección de su sutileza y de su maquiavelismo no dudando en utilizar, para lograr sus fines, todos los resortes que tiene a su alcance.

La secuencia del proceso ha sido perfecta. El lunes el AS, vocero del Real Madrid al que se le había filtrado oportunamente la noticia, anunciaba ya la muy posible impugnación. Por la tarde en el programa "El día después" de Canal Plus el buenazo de Maldini, tragándose inocentemente el anzuelo, reafirmaba la noticia con el argumento, para él incuestionable, de que era la SER quien confirmaba que la impugnación se produciría al día siguiente y que esta emisora no se equivocaba. Ya por la noche, José Ramón de la Morena (dominador absoluto de la información deportiva radiofónica), que a veces parece emular al tan criticado por él José María García, daba también por hecha la tan cacareada impugnación, craso error que tuvo que enmendar al día siguiente.

Todos se equivocaban. Alargando al máximo el suspense y sólo una hora antes de que se cumpliera el plazo para presentar las oportunas alegaciones ante el Comité de Competición, Florentino Pérez, como recién bajado del cielo, anunciaba que, aún creyéndose en posesión de toda la razón, no impugnaban el dichoso partido para no tensionar la competición y por respeto al Espanyol y a los árbitros.

Evidentemente, declarando no querer hacer una cosa ha logrado todo lo contrario. Sus objetivos plenamente conseguidos y él parece que queda como un señor. La competición queda, por supuesto, tensionada o al menos con polémica para rato y los árbitros en el punto de mira, si es que ya no lo estaban.

El dichoso fútbol vuelve a tener absolutamente todo el protagonismo y somos el único país europeo en que el diario más leído es uno deportivo. No tenemos remedio.

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