Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 16 de septiembre de 2005
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El tercermundismo de Nueva Orleans
SANCHO

Durante los últimos días de agosto tuve la necesidad de hacer un viaje, bastante más largo de lo que tengo por costumbre, por carretera que modificó bastante mis hábitos de cada día para los que suelo ser algo metódico. Por ese motivo no andaba demasiado al día del seguimiento de la información local, nacional e internacional a lo que puede que dedique más tiempo del que a veces merece.

En una de las paradas para tomar un refrigerio miraba, sin demasiada atención, unas imágenes que mostraban unas catastróficas inundaciones. Instintivamente pensé que la naturaleza había vuelto a golpear, con toda la fuerza y crudeza de la que es capaz, sobre cualquiera de los países desfavorecidos a los que conocemos como del Tercer Mundo, estúpida denominación acuñada lógicamente por los que formamos parte del Primero.

Rápidamente bajé de la nube en la que andaba subido por motivo del ajetreo de viajar (para muchos es un placer pero a mí me desubica totalmente) y me percaté, entre el mayor de los asombros, de que las pobres criaturas (muchísimas de raza negra) que pedían inútilmente ayuda desde los tejados o que ya eran, irremediablemente, cadáveres que aparecían por cualquier parte, eran habitantes de la ciudad de Nueva Orleáns, Louisiana, Estados Unidos, país considerado como la primera potencia del mundo.

No resulta habitual, una muestra más de las muchas injusticias que nos han tocado vivir, que este tipo de catástrofes asolen a países desarrollados o que al menos los consideremos como tales. En este caso concreto, con la tragedia provocada por el huracán Katrina, se ha podido tener la sensación que parecía no haber tantas diferencias entre lo que puede ocurrirle a un país sumido en la miseria y a un país desarrollado. Creo que esta apreciación es totalmente errónea, pues si esta calamidad hubiese caído sobre un país subdesarrollado las cifras de víctimas y afectados se habrían multiplicado tremendamente. Todavía son demasiado grandes, más bien abismales, las diferencias entre pobres y ricos.

Lo que sí ha resultado muy notoria y llamativa ha sido la tardanza en reaccionar por parte de la administración federal que preside George W. Bush, ese remedo de vaquero de opereta que cree puede dirigir el mundo como a una manada de ganado. Evidentemente no debe resultar tarea fácil paliar los efectos de un huracán que ha inundado varios estados, que ha desplazado a cientos de miles de americanos y que ha sembrado la destrucción por una extensión mayor que las Islas Británicas, pero la respuesta del gobierno Bush ha sido tan tardía y tan insuficiente que el presidente se ha visto obligado, cosa total y absolutamente insólita, a admitir la responsabilidad que le corresponde. La presión de la crítica en contra ha debido ser muy pero que muy grande para que un personaje como éste se haya decidido a asumir sus responsabilidades, seguramente si hubiera estado durante su primer mandato no lo hubiera hecho.

De todas formas puede que la verdadera causa de la tardanza en responder con ayudas a la catástrofe venga motivada por los enormes recortes en política social que trae consigo el neoliberalismo o el liberalismo a "machacamartillo" que ejerce el gobierno de Bush. Tampoco han podido utilizar plenamente a su ejército, pero es que no debemos olvidar que lo tienen repartido por medio mundo, como si se tratase de un muy particular y enorme rancho por el que pretende campar el presidente tejano.

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