Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 10 de junio de 2005
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Ninguna pancarta pidió la Paz
SANCHO
La manifestación convocada en Madrid por varias asociaciones de víctimas del terrorismo tuvo una numerosísima participación que, seguramente, no serían ni los 250.000 que dijo la Delegación del Gobierno, ni el millón que dijeron los organizadores. Además de resaltarse el gentío imponente que acudió a la misma, se ha resaltado la ausencia de la simbología "ultra" y el civismo con que se comportaron los manifestantes, pues probablemente se considerará que escupir e insultar a determinados periodistas es un incidente menor y que entra en los "gajes del oficio". Nada extraño cuando en un diario como El Mundo se utilizaba esta misma expresión en un artículo sobre el asesinato del periodista José Couso.Las víctimas contaron con el importante apoyo de la cúpula del Partido Popular, en la que no podía faltar la figura del aclamado José María Aznar cuya sombra se agiganta día a día para ir cubriendo las pocas luces que emanan de un Mariano Rajoy enfrascado en una forma de hacer política que parece diferir bastante de su propio estilo. La satisfacción de los populares parecía no tener límites al haberle podido devolver a los socialistas la moneda de manifestaciones como las del Prestige o la guerra de Iraq. No es demasiado sorprendente este poder de convocatoria por parte de un partido de la oposición ya que ejerce el poder en comunidades autónomas, diputaciones y bastantes ayuntamientos. También se llenaba la Plaza de Oriente cuando el régimen franquista daba ya sus últimos estertores.Hasta ahora sólo se habían convocado manifestaciones en contra de la política antiterrorista de un gobierno por parte de Herri Batasuna y gentuza de similar calaña. Ahora se inaugura una nueva etapa en la que un partido "democrático" rompe de forma estruendosa la "entente cordiale" que se había mantenido en la lucha contra el terrorismo etarra. Que el debate sea reemplazado por las protestas en la calle no da precisamente sensación de estabilidad, pues parece que se pone en cuestión la representatividad que otorgan las urnas.La iniciativa planteada por Zapatero para buscar una paz estable y duradera en el conflicto vasco podrá fracasar pero es un intento más para que no haya más víctimas y, tristemente, se ha convertido en un instrumento de la lucha entre partidos.Ante los muertos lo más respetuoso es el silencio. Las voces de sus familiares deben ser oídas y respetadas pero deberían mantenerse alejadas de la confrontación entre partidos porque éstos son tan poderosos y manipuladores que acaban dominando a todo aquel que se les aproxima y, por supuesto, siempre lo hacen a favor de sus propios intereses.Las víctimas del terrorismo no deberían ser quienes condicionasen las decisiones políticas y menos si emanan del Parlamento. Buscar la paz no es ningún síntoma de rendición ni de que se perdone a los asesinos o se olvide a las víctimas. El mejor homenaje que éstas pueden recibir es que su triste lista no aumente y que no se produzca ninguna más.En la manifestación del sábado no había ninguna pancarta que pidiera la paz. Nunca habrá que olvidar el pasado pero conseguir la paz nos daría la oportunidad de mirar al futuro con mucha más esperanza.
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