Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 3 de junio de 2005
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La Bastilla continúa siendo un símbolo
SANCHO
Fue un 14 de julio de 1789 cuando una muchedumbre se acercó a las puertas de la prisión de la Bastilla (sólo había siete prisioneros aquella mañana) para pedir armas contra las que defenderse del cerco de París por las tropas enviadas por Luís XVI. El pueblo francés acabó tomando la prisión de la Bastilla a la que consideraba un símbolo de la tiranía real y que se utilizaba principalmente para encarcelar a nobles y, curiosamente, también se encarcelaban allí los libros prohibidos como el fue el caso de la Enciclopedia.

Este hecho fue el inicio de la Revolución Francesa y, por su trascendental importancia para el devenir de la Historia, está considerado como el final de la Edad Moderna y el inicio de la Edad Contemporánea. Entre sus causas principales habría que destacar la grave crisis económica en que se encontraba sumida Francia.

Ciento setenta y nueve años después en la plaza de la Bastilla, edificada en el mismo lugar de la prisión del mismo nombre, decenas de miles de personas se manifiestan para conmemorar la Fiesta del Trabajo. Aquel 1 de mayo de 1968 se enciende la mecha que continuará con la ocupación de las aulas en Nanterre, el cierre de la Sorbona por la policía, las detenciones de cientos de estudiantes, la extensión del conflicto al mundo laboral con la ocupación por los trabajadores de la factoría Renault, al día siguiente una huelga general que se extiende por toda Francia y una gravísima crisis económica que obliga a Charles de Gaulle, el 30 de mayo, a la disolución de la Asamblea Nacional.

Otra vez en mayo, el pasado domingo 29, la Bastilla vuelve a convertirse en un símbolo cuando muchos franceses (en representación de un 54,87% de los votantes) festejaban el NO en el referéndum sobre la Constitución europea. El fenómeno que se inicia con este hecho tendrá consecuencias que ahora mismo son imprevisibles. Quizás una de ellas pueda ser que, el pasado miércoles, los holandeses se hayan pronunciado en contra de la misma Constitución con un NO todavía más rotundo. 61,6% de votos en contra. ¿Cuál será el próximo?

Lo que más me preocupa de este NO es que en parte representa una visión reaccionaria de la vida y de la política. En Francia el socialismo ha quedado dividido en dos, el voto de los conservadores también se ha partido y, ya en el colmo de los colmos, la ultraderecha ha votado lo mismo que la izquierda radical. Desde luego que resulta un galimatías que tardará tiempo en comprenderse.

Lo que resulta más que evidente es la separación entre el electorado y sus gobernantes, con el agravante de que triunfan el miedo y la confusión. En los Parlamentos europeos gana el mientras que, si se somete la cuestión a referéndum, el pueblo dice NO. Bueno, con la excepción de España donde las prisas del presidente Zapatero en convocar la consulta (no sé si por precipitación o porque se las veía venir) le llevaron a ganar el referéndum. Eso sí, con una significativa abstención que, de celebrarse el plebiscito dentro de una semana, podría haber decantado el resultado a favor del NO.

La Europa que muchos creíamos como solidaria, abierta, a favor de la convivencia y la paz, parece que se tambalea llena de dudas y, lo que resulta mucho más preocupante, llena de miedos.
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