Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 24 de junio de 2005
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De centro, de derechas, ...
SANCHO
En estos días, visto el resultado electoral en Galicia, la política gallega está muy presente en el debate de la política española y no es para menos. El voto de sus emigrantes, que se recibe en estos días entre la gran seguridad de un dispositivo especial y el que algunas sacas de votos se amontonen sin control alguno, decidirá si la mayoría absoluta se queda en poder de la coalición entre socialistas y nacionalistas o Fraga puede perpetuarse (si el cuerpo aguanta) cuatro años más en el poder.Resulta muy llamativo, yo diría que hasta chocante, que estos gallegos de la diáspora sean quienes tienen, merced a sus votos, la llave del gobierno de una Comunidad Autónoma a la que sólo le unen lazos afectivos, la tan nombrada "morriña", pues son ciudadanos de hecho del país de acogida y en el que pagan sus impuestos.De todas formas la ley electoral es como es y esas reglas, aceptadas por todos, eran con las que se jugaba. Ya algo se deberían temer PP y PSOE, sobre un posible resultado muy justo de la contienda electoral, cuando en la precampaña tomaron diversas medidas para atraer hacia sus respectivas candidaturas el voto de la emigración, o al menos controlar en lo posible un sistema tan peculiar en el que no cuesta demasiado ejercer el voto con el nombre de una persona ya fallecida. Incluso don Manuel Fraga visitó personalmente a los emigrantes (con derroche incluido de empanada y "pulpo a feira" a costa del erario público) en un intento de aumentar un voto que le ha ido muy bien en anteriores elecciones autonómicas.Pocas dudas habrá sobre la llamativa carrera política de don Manuel, políticamente activo a los 83 años, yendo desde ministro de Franco a presidente de Galicia, fundación de AP y su reconversión en el PP incluidas. Peculiar personaje con afirmaciones del estilo de "tengo el estado en la cabeza" y que, en los tiempos inmediatamente anteriores a la muerte de Franco, se autoproclamaba como una de las piezas claves para una solución liberal y reformista que sucediese al franquismo.No todo se desarrolló tal y como planeaba don Manuel. Su autoritarismo al frente del Ministerio de la Gobernación (en aquella tan complicada época del gobierno de Arias Navarro) que le llevó a pronunciar aquella demoledora frase de "la calle es mía", le hizo perder muchas posiciones. El Rey se decidió, de forma sorpresiva, por poner a Adolfo Suárez al frente de la reforma política y Fraga se quedó bastante sólo enmarcado en el sector más "ultra" de una derecha española que, en su gran mayoría, apostó por la UCD de Suárez.Don Manuel perdió unas cuantas elecciones, por lo que refundó su partido y cedió el testigo a una generación más joven que, encabezada por Aznar, llegó a la Moncloa en 1996. En el último mandato de éste como presidente, aquella derecha moderada, que Fraga diseñó con una clara tendencia hacia el centro político creyendo que así atraería mayor número de votos, se desvió hacia posiciones más bien cercanas a una derecha casi "ultra" y esa secuela dejada por José María Aznar no sólo no se olvida sino que crece con su estrategia permanente de bronca y de confrontación.Entiendo que, de cara al electorado, es un grave error ese alejamiento del centro por parte del Partido Popular al aferrarse a una idea de España muy diferente a la que percibimos muchos de sus ciudadanos.
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