Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 6 de mayo de 2005
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Docentes y consumo de drogas
SANCHO
Esta sociedad, de forma tan machacona como insistente, recibe diariamente los resultados de las más variopintas encuestas que uno pueda imaginar. A pesar de eso creo que, por la mayoría de la gente, se les presta poca o ninguna atención. Esta falta de interés por las mismas puede que venga marcada porque sus resultados, en ocasiones, difieren bastante de lo que uno piensa. Cuando me refiero a la mayoría de la gente hago alusión al "común de los mortales" de los que excluyo a clases privilegiadas como políticos, banqueros y demás gente de buen vivir que sí que tiran de encuestas (evidentemente sólo de las que les favorecen) para intentar que los incautos comulguemos con las ruedas de molino que constantemente nos ofrecen.

Hace tres o cuatro días leí una información, basada en una de estas encuestas, que me dejó atónito. En la misma se decía que una significativa mayoría de docentes tenía una "escasa preocupación" sobre el consumo de drogas entre sus alumnos. Además del asombro, lo primero que se me ocurrió pensar es que (después de aproximadamente treinta años de experiencia docente) yo trabajaba como maestro en las Scheyselles o en la Patagonia, puesto que las realidades que percibo difieren bastante de las que expresaba la encuesta de marras.

Tampoco quisiera aparecer como alarmista ni meterle el miedo en el cuerpo a los padres de mis alumnos y alumnas, pero que un elevado porcentaje de docentes muestre su escasa preocupación por la incidencia del consumo de drogas entre los discentes sólo puede indicar que o bien contestaron a la encuesta de forma rutinaria y aleatoria, o que se fijan muy poco en la realidad cotidiana que les rodea.

Probablemente entre mis muchos defectos se encuentre el de que puede que sea más desconfiado de lo aconsejable pero, como "el gato escaldado...", hay que ser demasiado ingenuo para pensar que determinados individuos, que merodean por los alrededores de nuestros Centros de Enseñanza Secundaria en horas muy concretas, andan por allí por casualidad o por cualquier otro motivo que entre dentro de los cauces de la normalidad y, ni por asomo, tienen absolutamente nada que ver con la vida académica.

Los vertiginosos cambios que afectan a la sociedad y, por ende, a la comunidad educativa hacen que, en muchas ocasiones, la labor del profesorado tiene que realizarse bajo unos condicionantes que no son los más apropiados para ejercer la docencia. Esto hace que sean bastantes los profesores que se declaran a sí mismos como "quemados" y que se contagian con demasiada facilidad de ese mal tan extendido que se llama pasotismo. Un problema tan preocupante como el del acoso y la violencia encubierta entre alumnos podría paliarse, aunque fuese de forma mínima, con una mayor implicación del profesorado en el control de sus aulas, pasillos y recreos. Para entendernos, no caer en aquello de "hacer la vista gorda".

Es muy necesario que los profesores nos impliquemos un poco más, pues por nuestras manos no pasan objetos sino personas que son algo más que un, cada vez más voluminoso y menos práctico, expediente lleno de más y más documentos.

Tenemos que mostrar mucha más sensibilidad hacia los problemas de nuestros alumnos porque muchos de los errores que se cometen durante esta etapa de su vida puede que les marquen de forma definitiva y cuando se les intente poner remedio, si es que se intenta, sea ya demasiado tarde.
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