Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 20 de mayo de 2005
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Difama que algo queda
SANCHO
Hace pocos días la revista estadounidense "Newsweek" se retractaba de una información anterior en la que se decía que una copia del Corán fue introducida en una taza de lavabo en Guantánamo mientras se interrogaba a uno de los presos musulmanes allí detenido (a ninguno de estos presos se les aplica la Convención de Ginebra que debería ampararles).

Han sido muchas las protestas de organizaciones internacionales contrarias a la forma en que se está tratando a estos prisioneros, sospechosos de pertenecer a Al Qaeda o talibanes, de los que todavía quedan más de quinientos sin que las autoridades norteamericanas aporten demasiados datos y pruebas que demuestren los delitos por ellos cometidos. Sin ir más lejos el mismísimo secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, autorizó en 2002 diversas "técnicas de interrogación" a estos presos como la retirada de sus artículos religiosos, el proporcionarles alimentos contrarios a sus preceptos religiosos o afeitarles el vello facial (algo ofensivo para algunos musulmanes).

A raíz de la primera noticia del semanario norteamericano, que informaba sobre la profanación del Corán, se produjeron revueltas y manifestaciones que tuvieron como consecuencia la muerte de quince personas en Afganistán y más de cien heridos en diversos países islámicos. De más está decir que rectificar la noticia no va a traer ningún alivio a los familiares de los muertos, ni va a reconfortar a los heridos.

Sin tratar de minusvalorar esta dramática situación, surge otra vez el grave problema de lo peligrosa y comprometida que, en ocasiones, resulta la labor de los medios de comunicación y de que como, tras producir graves daños tanto físicos como morales, muchos periodistas salen totalmente indemnes de este tipo de situaciones. Sería injusto no reconocer las sonadas dimisiones que se han producido, debido a la publicación de noticias que resultaron falsas, en medios como el New York Times, la BBC o la CBS.

Resulta más que preocupante la forma en que el periodista, al que considero debe ser un fiel transmisor de hechos o declaraciones, se está convirtiendo en participante de los mismos y además suele manipularlos, evidentemente mintiendo, para servir a determinados intereses. Aquí ya entraríamos directamente en asuntos que mueven grandes cantidades de dinero y en propietarios de medios de comunicación preocupados única y exclusivamente por su cuenta de resultados.

La profesión periodística está cayendo en un descrédito demasiado grande y ya no sólo afecta a grandes y poderosos medios de comunicación pues, como por desgracia siempre se aprende más de lo malo que de lo bueno, la manipulación de las noticias y el plegarse a ciertos poderes llega ya a todos los niveles de la comunicación tanto internacional, nacional como local.

Frente a este monopolio de la información y debido a que el mundo se globaliza a pasos agigantados, crecen sin cesar los que pueden obtener su propia información gracias a Internet e incluso quienes se convierten en periodistas y difunden, en la medida de sus posibilidades, informaciones de todo tipo aunque sean una mota de polvo frente a las todopoderosas empresas de la comunicación.

Evidentemente también esto tiene sus riesgos, en absoluto despreciables, por lo que habrá que confiar en que se puedan proteger tanto la honorabilidad de las personas como la verdad de los hechos.
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