Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 8 de abril de 2005
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Frente a un nuevo Papado
SANCHO
Durante esta mañana tendrán lugar las honras fúnebres y el sepelio del Papa Juan Pablo II. Será su última y grandiosa aparición en todos los medios de comunicación del mundo, sea cual sea la confesión religiosa, si es que la tienen, de la mayoría de los habitantes de los países que retransmitirán el evento. A modo del Cid Campeador, vencedor de batallas incluso después de su muerte, Juan Pablo II será una vez más ganador absoluto en todos los índices de audiencia que uno imaginarse pueda.

Se recordará nuevamente al Papa ídolo de las masas, al que hizo cambiar todos los conceptos que se tenían sobre la forma de ejercer el papado, al que incluso se le hace responsable en una importante parte del cambio histórico que supuso la caída de algunos regímenes comunistas, al que el periódico New York Times calificó recientemente como "Papa Superstar". Frente a esto también son muchos los que reflexionan y se preguntan sobre la situación actual de una Iglesia anclada en el inmovilismo frente a las cuestiones que demanda una sociedad moderna. Problemas como el del celibato, el del papel de la mujer en la Iglesia, el de la anticoncepción y control de la natalidad en países subdesarrollados, el del SIDA que mata en África al 33% de su población mientras la Iglesia prohíbe el uso del preservativo, tendrán que ser tomados en consideración por el nuevo Papa pues ya es un auténtico clamor el que proviene de amplios sectores de población católica afectada por estas cuestiones.

A Karol Wojtyla no le tembló el pulso a la hora de mantenerse firme frente a estas demandas y tampoco tuvo la menor vacilación en frenar el aperturismo iniciado tímidamente por el Concilio Vaticano II. Uno de los principales mandatos del mismo fue el que se lograse "la unidad de los cristianos" y se tardaron casi cuarenta años en dar, el 31 de octubre de 1999, el primer paso con una Declaración común que inició el camino de la unión entre católicos y protestantes.

La lentitud o rapidez del Vaticano en decidir sobre determinados asuntos ha sido muy variada. En 1980 Monseñor Romero muy próximo al movimiento de la "teología de la liberación", mientras decía misa, era asesinado por la ultraderecha salvadoreña. Su proceso de beatificación ha estado bloqueado, nada más y nada menos que durante 10 años, por la Congregación de la Doctrina de la Fe que preside el Cardenal Ratzinger (uno de los colaboradores más cercanos al Papa Juan Pablo II). Por el contrario Monseñor Escrivá de Balaguer, fallecido en 1975, ya era beatificado en 1992 y canonizado diez años después. Para el tiempo habitual que duran estos procesos, alcanzar la santidad sólo 27 años después de la muerte es algo digno del mayor de los asombros.

Si ya de por sí es una grandísima incógnita el aventurar quién podrá ser elegido como el próximo Papa, tampoco tiene demasiado fundamento lucubrar sobre los derroteros que se seguirán durante el nuevo papado. Habiendo sido designados cardenales por Juan Pablo II casi la totalidad de los miembros del Cónclave que debe designar a su sucesor, sería lógico pensar que éste seguirá las directrices marcadas por el Papa polaco. De todas formas habrá que tener muy en cuenta la importancia que puedan tener las opiniones de los representantes de los católicos iberoamericanos donde tiene su mayor arraigo la llamada "Iglesia de los pobres".

Lo que sí tengo bastante claro es que una buena pista sobre el rumbo que tomará el nuevo papado se sabrá por el tiempo que tarde el nuevo Papa en nombrar como beato a Juan Pablo II.
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