Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 22 de abril de 2005
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Crímenes de lesa humanidad
SANCHO
Desgraciadamente no son muy habituales las noticias sobre condenas por delitos de lesa humanidad, incluso la misma tipificación de este tipo de crímenes tardó bastante en producirse. Fue en el Proceso de Nuremberg, que juzgó y condenó al recién derrotado nazismo, donde comenzó a acuñarse el término. Posteriormente fue reconocido como parte del derecho internacional por la Asamblea General de Naciones Unidas y hubo que esperar, nada más y nada menos, que hasta el año 1998 para que fuese claramente definido en un tratado internacional por el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.

Lo que hace distinguir a los crímenes de lesa humanidad de los delitos ordinarios es que deben formar parte de "un ataque generalizado y sistemático", sin que la palabra ataque signifique necesariamente que se realice por una fuerza militar. También deben ir dirigidos "contra una población civil" y, por último, deben producirse de conformidad con "la política de un Estado o de una organización".

De todas las atrocidades y vejaciones que se han cometido, se cometen y, me temo, seguirán cometiéndose en el mundo, pocas dudas habrá que entran de lleno en la calificación de lesa humanidad barbaries como las de la antigua Yugoslavia, Camboya, Ruanda y todas las perpetradas por las dictaduras iberoamericanas, entre las que destacan las de Chile y Argentina.

Así que cualquier ser humano que tenga algo de sensibilidad y esté en contra de la tortura, de la inhumanidad, del atropello y de la injusticia, debe sentirse plenamente satisfecho por la condena de Adolfo Scilingo, ex militar argentino, responsable de la muerte de 30 personas en los tristemente conocidos "vuelos de la muerte" y de diversos delitos de detención ilegal y cinco más por torturas. Estos son sólo aquellos en que ha podido demostrarse fehacientemente y con pruebas su participación pues alimañas de este tipo, inmersas en aquella vorágine del terror de la dictadura argentina, seguro que son responsables directos de muchísimos más delitos.

Este fallo de la Audiencia Nacional es realmente ejemplar y está lleno de trascendencia pues es la primera vez que se condena, por un tribunal extranjero, a un responsable de aquella terrible represión dirigida por la dictadura argentina que estuvo en el poder entre los años 1976 y 1983. Me produce sonrojo, dolor y vergüenza el recordar como fuimos muchos los que seguíamos y disfrutábamos con aquel Mundial de Fútbol de 1978 en la Argentina presidida por el Teniente General Videla, ignorantes de que muchos argentinos (incluso algunos españoles) todavía buscaban afanosamente a sus hijos, padres, hermanos... desaparecidos por la acción canalla y cruel de seres despreciables como Adolfo Scilingo. Personaje indigno que no tuvo reparo alguno en atentar contra algo tan básico como la dignidad humana con atrocidades que mejor será no relatar.

Pasados muchos años y frente a un tribunal español, siendo consecuente con el tipo de sabandija que es, no tuvo el menor reparo, cuando empezó a verse perdido, en retractarse de sus primeras declaraciones. Incluso de fingir, de forma lamentable, desmayos, desvanecimientos o trastornos mentales porque ya veía cada vez más cercana su justa y ejemplar condena.

En comparación con aquella atrocidad de la dictadura argentina, de la que tantos y tantos han escapado sin castigo, esta condena puede parecer hasta irrisoria aunque espero que suponga al menos una mínima satisfacción para tantos y tantos afectados que reclaman porque se haga justicia.
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