Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 18 de marzo de 2005
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Periodistas de Primera
SANCHO
Hará más o menos una semana leía un artículo en este periódico en el que se contaba una anécdota ocurrida entre un periodista y José Fouto, quien fuera presidente del equipo de fútbol del Mérida. Comentaba este señor a quien en aquella época se iniciaba en el periodismo que como entonces el equipo estaba en Tercera División, pues también el periodista era de tercera y que si algún día el equipo llegaba a la Primera, pues también él sería de esta misma categoría.

Aclaro que no tengo la menor intención de escribir sobre fútbol porque las inútiles polémicas en torno a este deporte me interesan más bien poco, menos todavía escribir sobre personajes tan habituales en el mismo como el tal Fouto que, si bien consiguió en pocos años el meteórico ascenso de Tercera a Primera División, acabó allá por el año 2000 con la desaparición del club de sus amores. Sin dejar pasar por alto que ya son pocos los que se creen el repetido cuento de la proyección que puede tener el fútbol para la imagen de nuestra Ciudad. Evidentemente con la excepción de quienes convencen mediante este argumento al gobierno de turno para recibir por ello una sustanciosa subvención y del mismo gobierno que utiliza idénticas razones para justificar dicho gasto.

Lo que sí me llamó la atención fue lo de periodistas de primera, segunda o tercera dependiendo de la categoría en que se encuentre el equipo de fútbol de la ciudad. Bueno, más que llamar la atención, me estuve riendo un rato al leer tan estúpida opinión y tan peregrino razonamiento.No, por fortuna, no se mide la valía profesional de un periodista por este parámetro. Prefiero pensar en que se mide por su capacidad de trabajo, por su honradez, por su dedicación, por su integridad. Para mí es tan respetable pegarse una mañana detrás de cualquier personaje de la Liga llamada de las estrellas para que luego, de forma borde y antipática, te haga cualquier declaración intranscendente, como aguantar una solina o un chaparrón en el Campo del 54. Tan digno es andar pateándose los pasillos, por ejemplo del Congreso de los Diputados, como los de la Asamblea de Ceuta para que el o la de casi siempre te cuente la misma milonga que te contó antes de ayer.

Tampoco se vayan a pensar que, cuando antes me refería a la integridad o a la honradez profesional de un periodista, uno va de utópico por la vida o que camina por su particular limbo. En el mundo de la información periodística los que marcan las pautas de forma muy clarita son los editores, cada uno a su particular modo y manera y con el grado de sutileza que considera oportuno. Siempre a los lectores nos quedará la posibilidad de discernir hasta donde debemos creernos lo que se nos está contando, aunque los que controlan el asunto siempre jugarán con la gran ventaja de que, a base de repetir muchas veces determinados argumentos puede que incluso no ciertos, calen de forma total y absoluta en la mayoría de los lectores.

Evidentemente cuando he hecho referencia a los lectores, podría haber dicho televidentes o radioyentes y los argumentos tendrían exactamente la misma validez. En todos los medios, bajo el eufemismo de la línea editorial, existen unas normas muy claritas a los que todos deben atenerse.

Así que muchos y muchas periodistas de primera, pero no de la Primera del fútbol, andan cada día dignificando su profesión muchas veces por razones tan prosaicas como la de que hay comer todos los días, independientemente de que ejerzan su profesión en medios y bajo las órdenes y presiones de editores a los que también podrían aplicárseles alguna que otra clasificación por categorías.
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