Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 25 de febrero de 2005
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La mar se cobró, una vez más, su tributo
SANCHO
El ser humano de siempre ha mantenido cierto enfrentamiento con la naturaleza en el que ésta ha resultado claramente perdedora. Sólo hay que observar la degradación que sufre nuestro Planeta y que, a pesar del fuerte incremento de la concienciación en torno a los temas medioambientales, la misma no se frena sino que se incrementa.En este afán del hombre por apropiarse de los tesoros y de los recursos naturales que la naturaleza esconde, siempre me llamaron particularmente la atención el trabajo de los mineros y la vida tan dura a la que se ven sometidos quienes, día a día y noche tras noche, se enfrentan a la mar para arrebatarle sus riquezas. Eso sí, pagando no sólo con las pocas recompensas recibidas a cambio sino pagando también, en ocasiones, con la propia vida.Las desgracias y tragedias de los hombres de la mar son siempre las mismas, sólo cambian sus protagonistas. Además, como con casi todos los dramas humanos que nos golpean a diario, nos llaman la atención durante un cierto tiempo y luego la vorágine de la vida diaria nos traslada a otro asunto. Parece que día a día los sentimientos se enquistan y se endurecen hasta que ya casi nada va a ser capaz de ablandarlos. En el caso del último pesquero hundido, el "Siempre Casina", ocurrió más de lo mismo. Fue portada en los informativos de la mañana y del mediodía pero ya por la tarde, entre el dichoso partido del Madrid en el que parecía que nos iba la propia vida y en que el señor Polanco, con su Canal Plus y su Sogecable, parece dispuesto a ensanchar sin medida las fronteras de su vasto imperio, pasó a un segundo o tercer plano el drama de los ocho pescadores desaparecidos.Entre estos ocho hombres había también marineros senegaleses y peruanos con lo que se añade otro drama como es el de la inmigración. Nunca me cansaré de defender al que abandona su familia, su tierra, su cultura para algo tan sencillo y tan grande como la imperiosa necesidad de una vida mejor. Por si no fuera poco con esto, se tendrán que encontrar con los que levantan frente a ellos muros de incomprensión y de rechazo a los que, por si no fuera suficiente, unen otros muros, bien los que intentan impedir su entrada, bien los que procuran encerrarlos en un maldito gueto.Decía antes que en estas tragedias de la mar sólo cambia el nombre, lo que no cambia es el drama de estos hombres y de sus familias que siempre es el mismo. Da igual que sea el "Islamar III" en el que fallecieron veintiséis marineros, o el "Montrove" con diecisiete, o el "Meloxeira", o el "Amur", o el "Panchito", así hasta ochenta y nueve muertos en naufragios de pesqueros españoles SÓLO DESDE EL AÑO 2.000.La mar siempre me produjo un gran respeto, puede que hasta un miedo reverencial, unido a la sensación de no poder pasar casi ni un día sin su presencia, sin su contemplación, sin su cercanía, sin su olor. No en vano son ya cincuenta los años cumplidos en esta Ceuta en la que resulta imposible ignorar la presencia permanente del mar, a pesar incluso de que, por muchas partes de la misma, el avance y el progreso (palabras dignas de discusión) de la Ciudad nos hayan puesto un poquito más lejos nuestro mar.
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