Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 21 de enero de 2005
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El partido que nunca se debió jugar
SANCHO
A estas alturas y visto lo visto pocas cosas, que procedan del mundo del fútbol, podrán sorprenderme. Ni siquiera lo hizo que un personaje como Ángel María Villar, incapaz de pronunciar ni medio bien palabras como fútbol o árbitro, fuese reelegido (a pesar de la oposición de los chicos de Polanco) como presidente de la Federación Española recurriendo a las mismas malas artes que le han mantenido tantos años en la "poltrona", es decir, la política del compadreo, del enchufismo, de la prepotencia ... Y si éstas fallasen, ya se sabe, la amenaza permanente (siempre muy velada y sutil) de tener bajo su control a los todopoderosos árbitros. En resumen, un estilo del que no renegaría ni el más afamado mafioso siciliano.El caso es que el fútbol, al menos el superprofesionalizado y el de las exorbitantes cifras millonarias, ha dado una nueva muestra de ser merecedor del mayor de los desprecios. El pasado domingo en el campo de El Sadar jugaban un partido de liga el Osasuna y el Valencia tras conocerse, unos minutos antes del comienzo, el fallecimiento de María (tenía ocho meses) hija del jugador valencianista Marco Caneira.Enumerar la serie de despropósitos que hicieron esto posible es hacer evidente la estupidez, la incongruencia y la cobardía. Estupidez de un árbitro que se escuda y se acoge a la rigidez de la estricta letra de un Reglamento que no contempla como razón de fuerza mayor para suspender un partido la muerte de la hija de un futbolista minutos antes de jugarse el partido.Incompetencia de una RFEF que, con su presidente como primer beneficiado, paga sueldos y dietas millonarias pero es incapaz, a pesar de la enorme repercusión de un deporte que es el mayor entretenimiento mediático de este país, de mantener un "servicio de guardia" capaz de ofrecer soluciones para cualquier incidencia de relieve que se produzca durante el fin de semana. Cobardía del Valencia (uno de los clubes que rompió el "pacto entre caballeros" de la Liga de Fútbol Profesional precisamente para dar su apoyo a Villar) que, a través del señor Ranieri, tomó la decisión final de jugar. ¿Quién hubiera sido capaz de sancionar al club si se hubiera negado a jugar" Supongo que nadie.El caso curioso es que después del partido todos sus protagonistas, tristes protagonistas, afirmaban que nadie quería haberlo jugado. A cualquiera, iluso como yo, se le ocurrirá la misma pregunta ¿por qué se jugó" Pues porque todo el mundo que gira en torno a este fútbol superprofesional es el mundo de un negocio y una mentira que juegan con los sentimientos de la afición víctima del engaño y del embaucamiento. Sí, me consta que existe otro fútbol que no tiene brillo de estrellas. Es el callado, el deporte de verdad, el del madrugón, el de sufrir los rigores del frío o del calor, el de educar a los niños (aunque en éste cada día haya más "mendrugos"), pero esto del deporte puro y de verdad cada día da más la impresión de ser una especie a extinguir.Lleno de rabia se imagina uno el profundo dolor de los que tardarán en tener consuelo y recuperar la ilusión, los que han perdido a María. Algunos haremos pública nuestra denuncia frente a tanta injusticia y nos quedaremos contemplando con cara de pasmo cómo se llenan páginas y páginas de prensa deportiva u horas de radio para comentar, y perdonen ustedes porque no es mi estilo, las "gilipolleces" de las figuras de turno.
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