Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 28 de enero de 2005
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Con el corazón helado
SANCHO
Escribir con el corazón helado no es el fruto de este bajón en las temperaturas (normal por otra parte para la estación en que estamos) que nos ha traído el final del mes de enero. Los pequeños rigores, en comparación con otras latitudes, que en ocasiones nos trae el invierno ceutí tampoco es que sean para dejar helado a nadie. Como mucho, mientras recorro los pasillos del Colegio, la nariz y los pies te avisan del bajón en la temperatura pero, ya en las clases, los niños con su calor y vitalidad naturales hacen que pronto me olvide de lo que marca el termómetro.

Lo que sí es capaz de helarte el corazón, al menos a mí me lo hiela, es oír una tertulia radiofónica de la mañana, concretamente la de la COPE. A excepción de un personaje tan nefasto y lamentable como Pedro J. Ramírez y de Federico Jiménez Losantos, director del programa, poco sé de quienes conforman la tertulia y menos interés es el que tengo en saber algo de ellos. Con oír unos minutos, durante parte del trayecto de casa al trabajo, las ideas que destilan de sus palabras cual fétidos olores de una aún más fétida ciénaga, ya tengo suficiente.Escuchar en esta tertulia como, no alcanzo a comprender del todo con qué loco fin, intentan meternos el mayor de los miedos en el cuerpo, es algo que si no lo oyese personalmente y me lo contase alguien, sería incapaz de creérmelo. Comentando la delicada situación a la que nos pueden llevar las pretensiones independentistas del señor Ibarretxe, tras las que se esconden de forma quizás más taimada pero no menos peligrosa las del señor Carod Rovira, daba la impresión, por lo que decían los tertulianos, de que nuestro futuro era que catalanes, vascos y 'españoles' (no me gusta el término pero es el más explícito) estábamos en un tris de acabar tan dramáticamente como lo hicieron serbios, bosnios, croatas o albanokosovares. Así, exactamente así de crudo y apocalíptico es el mensaje que pretenden hacernos llegar éstos a los que me cuesta calificar como 'señores'.

No parece demasiado lógico que uno escuche, aunque sólo sea unos minutos, cosas que le produzcan tamaño desagrado pudiendo dejar de hacerlo con sólo pulsar una tecla de la radio. El caso es que lo hago a modo de terapia de choque o de catarsis frente a la tertulia de Iñaki Gabilondo en la SER que, con otro estilo y modales, tampoco voy a negar (en un ejercicio de estúpida inocencia) que intentan llevar el agua a su particular molino, aunque puede que de forma menos descarada.

El caso es que, emulando a esos gusanos informáticos que tanto daño hacen, parece que va creciendo día a día entre la opinión pública esa terrible y amarga división entre las dos Españas a las que tan magistralmente cantó don Antonio Machado. No entiendo cómo después de tantos años haya quien pretenda condenarnos a repetir una trágica historia que por lo visto no aprendimos bien.

Es demasiado triste imaginarse que tanta lucha, tanto sufrimiento, tanto conflicto, tanta angustia, tanto padecer... no nos hayan servido absolutamente para nada.

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