Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 9 de diciembre de 2004
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Navidades de luces y sombras
SANCHO
Cada año que pasa me va costando más trabajo asimilar el hecho, implacable y demoledor, debido al cual las primeras señales de que un año más será Navidad nos vengan de la mano de ese monstruo llamado consumismo.Tema ya tratado en exceso pero que se agiganta y crece como las imparables bolas de nieve de un alud. En esta pugna por ver quién va a ser el primero en anunciarnos la Navidad hay tres claros competidores en cabeza de la misma: la publicidad televisiva, las grandes superficies comerciales y los ayuntamientos. Estos últimos parece que compiten entre ellos por ser los primeros en iluminar nuestras calles con el alumbrado extraordinario, imagino que con el loable afán de poner algo de luz en una realidad urbana que suele presentar más sombras que luces.En Ceuta el primer aldabonazo que da inicio al paroxismo consumista lo tenemos en los supermercados. Nada más terminar con la celebración de la Mochila, o sea con mes y medio de adelanto, los expositores y anaqueles que estaban cubiertos de castañas, nueces, pasas, frutos secos... aparecen ahora con la más variada gama de polvorones, mantecados, hojaldrinas, turrones... que uno imaginarse pueda. Éstos aparecen situados en los lugares más privilegiados y estratégicos de la superficie comercial que comparten, en buena lid, con una amplísima gama de los productos de nuestro querido cerdo ibérico, gran surtido de quesos y, como no podía ser menos, todo tipo de vinos. La estrella indudable de todo esto no es precisamente la que trajo a los Magos de Oriente, sino la formada por los más variados lotes que combinen todos estos productos. Esas terribles y tentadoras ofertas frente a las que sucumbiremos sin saber demasiado bien lo que compramos, pero alentados porque no aniquilan del todo nuestro ya de por sí exiguo presupuesto.Otro inequívoco signo prenavideño es ver por nuestras calles a los operarios de la empresa Ximénez preparando el alumbrado. Recuerdo, ya a principios de los años ochenta, aquella por entonces modesta empresa de Puente Genil convertida ahora en líder dentro del sector y contratada por gran número de ayuntamientos. Este año, a pesar de que nunca llueve a gusto de todos, las calles de Ceuta lucen mejor y con más antelación que el año pasado. Decisión que imagino habrá sido recogida con agrado por el comercio local aunque éste pasa por una crisis de tal envergadura que no creo pueda aliviarse con el alumbrado, por bonito que sea. Por otro lado el del pasado año era tan lamentable y dejaba el listón tan bajito que no ha resultado difícil superarlo con creces. Como efectivamente ha ocurrido.Como amenazante preludio de los excesos que pronto sufrirán nuestros hígados y nuestros estómagos, ya están casi cubiertas las plazas (los mejores días) de todos los restaurantes de la Ciudad para todos lo dispuestos a soportar la tortura de la comida o cena de empresa. Ya se sabe, lo de siempre, la falsa sonrisa, el preguntarte por tus hijos confundiendo el nombre, el contarte el mismo chiste del año pasado, la trascendental conversación sobre lo mal que está el Madrid y lo bien que está el Barça, el ver al de siempre como le "tira los tejos" a la última incorporada al trabajo (la pobre no lo conoce todavía), en fin, un auténtico suplicio.No es agradable el mostrar de forma pública pensamientos tan a contracorriente pero sirve de desahogo. Aquel añorado y casi olvidado (porque cada vez cuesta más encontrarlo) espíritu de la Navidad parece camino de extinguirse. Si alguno de ustedes lo encuentra, enhorabuena, que lo disfrute. Ah y no se olvide de guardarse un poquito para el año que viene, no vaya a ser que le pase como a un servidor que no lo encuentra por ninguna parte.
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