Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 25 de noviembre de 2004
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Chema Caballero
SANCHO
Tengo como costumbre, antes de escribir un artículo, elegir con bastante cuidado su titular. En ocasiones, aunque parezca una exageración, dedico casi más tiempo a esta tarea que a escribir el artículo en sí pues creo que del titular puede depender que se despierte o no el interés del lector de turno.

No ha sido éste el caso pues tuve meridianamente claro como iba a titular este artículo y que no despertaría demasiado la atención, cosa que no me preocupaba en absoluto. Cualquier otro titular llamaría mucho más la atención, por ejemplo "Las cuentas de Vivas", "Laporta y su Cataluña no es España", "Aznar, Hugo Chávez y el lenguaraz Moratinos", "Rajoy y el Tato"... pero tuve clarísimo que escribiría sobre Chema Caballero desde que, el pasado día 16, oí hablar de la presentación en el Círculo de Bellas Artes de Madrid del libro de Gervasio Sánchez "Salvar a los niños soldados" que narra la vida de los niños guerrilleros de Sierra Leona y la titánica lucha del misionero Chema Caballero para que estos niños puedan salir del infierno en que se convirtieron sus vidas y recuperar la vida normal que perdieron.

El simple hecho de vivir en Sierra Leona ya supone el ser ciudadano de un país considerado por Naciones Unidas como el más pobre del mundo. Este país lleva ya unos años enfrascado en una guerra civil entre el gobierno, un par de frentes revolucionarios y un sinfín de bandas armadas que dan lugar a un caos donde no es fácil distinguir entre quiénes son tus amigos y quiénes tus enemigos.

Dentro de este infierno, aprovechando la vulnerabilidad de los niños que les hace más manejables, es práctica habitual el secuestro masivo de los mismos, en edades que oscilan entre los 8 y 10 años, para entrenarlos como soldados y hacerles cometer los hechos más execrables que uno pueda imaginarse. Además del miedo, las amenazas y el hecho de mantenerlos siempre dentro del más absoluto de los terrores, utilizan el alcohol y la cocaína que le introducen en unos cortes que les practican en las sienes. Las niñas pasan por el doble tormento de ser soldados y esclavas sexuales a la vez por lo que son muchas las que mueren por este suplicio.

Después de haber sufrido el entrenamiento militar, y con el fin de manipularlos hasta el extremo, tienen que pasar por unos macabros ritos de iniciación, a cual más espeluznante, como matar a su propio padre o algún familiar directo, quemar la casa familiar o su aldea, beber sangre humana o comer vísceras de sus enemigos. Estos ritos tienen como fin hacerles ver que sin familia y habiendo caído en lo más bajo a lo que puede llegar un ser humano, ya no tengan qué hacer ni dónde ir y sólo les quede la guerrilla para protegerlos.

Chema Caballero, misionero javeriano, dirige un centro para la rehabilitación de estos niños exguerrilleros cerca de Freetown, capital de Sierra Leona. Gracias principalmente a Manos Unidas ha podido tratar a más de 2.500 niños y niñas. Es un proceso muy lento y jalonado de éxitos y fracasos en los que afortunadamente dominan los primeros. Estos niños cuando llegan al centro son muy violentos y como ya no esperan nada de la vida se muestran a la defensiva. Chema y sus colaboradores tienen que buscar al niño que todavía permanece dentro de estas víctimas de tamaña barbarie y para ello procuran darles seguridad y protección con el fin de que cambien los valores que han regido sus vidas durante unos años. Ya no es el mejor el que más mata, ya no son el robo, el asesinato y la violencia los medios para conseguir lo que necesitan. El violento contraste entre su vida anterior y la actual les provoca una situación tan traumática que, a veces, no pueden superarla.

Los que lo consiguen, poco a poco van asumiendo el horror que ha sido su vida, sus peores miedos, sus más terribles pesadillas y empiezan a aflorar sus sentimientos. Es entonces cuando se puede ver algo de luz dentro de tanta oscuridad y pensar que su rehabilitación es posible. La escuela, un oficio, puede que una nueva familia... un largo camino por recorrer y del que nunca desaparecerán las peores heridas que son las del alma y que les dejan marcados para toda la vida.

Esa pequeña esperanza que renace en esos niños de mirada profunda y perdida justifica toda la labor de Chema y le hace merecedor de la mayor de las admiraciones. Con hombres así todavía se puede pensar en que nos queda algo de ilusión y confianza en el incierto futuro que nos espera.
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