Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 10 de septiembre de 2004
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Malditos entre los malditos
SANCHO
Hay días que tenemos que hacer un esfuerzo ímprobo para leer las noticias de cualquier periódico, que no somos capaces de escuchar las mismas noticias en la radio y huimos hacia cualquier emisora musical, que al sentarnos frente al televisor no podemos soportar la crudeza de las imágenes de cualquier informativo. Tristemente estas situaciones crecen y crecen en una imparable espiral que ya nos hace dudar, hasta los de convicciones más firmes, de casi todo. Incluso temo la llegada del peligroso momento en que el aluvión de la crueldad humana haga que se nos emboten los sentidos y nos podamos volver cada vez más insensibles, cada vez más inmunes frente al terror.Las vidas humanas, las vidas de inocentes criaturas, se convierten en fríos números de víctimas que nos llegan, siempre de forma creciente, para sumirnos en la desesperación de ver como seres humanos son capaces de traernos horrores mayores, si eso es posible, de los que nos trajeron hace unos días.Casi da igual el escenario, casi da igual el sistema con que el terror nos golpea, aunque también en estos aspectos se llega donde, ilusos de nosotros, se creía que nunca se iba a llegar. En España, acostumbrados a no ponernos de acuerdo para casi nada, salimos a la calle para clamar en junio de 1997 por la liberación del joven concejal Miguel Ángel Blanco y tras su vil y cobarde asesinato, sumidos en el dolor, volvimos a gritar: ¡Basta ya!El 13 de septiembre de 2001, atónitos y perplejos, veíamos caer por tierra un mito como las Torres Gemelas y parecía que el terror llegaba a donde nunca se pensó que podría llegar. El 11 de marzo de 2004 tardará en olvidarse. Madrid y España se despertaban entre tal desconcierto y tamaña conmoción que acabarían influyendo, no sé en qué medida, en el resultado de unas elecciones generales que provocaron un inesperado cambio de gobierno. Se ha pretendido conocer más a fondo todo lo que conllevó aquella tragedia y se ha hecho lo peor que se podía hacer, crear una comisión. Hemos asistido a una ceremonia de la confusión en la que da la impresión que nadie dijo la verdad, en la que un fiscal jefe de la Audiencia Nacional pareció reírse de media España en un alarde de cinismo, en la que los partidos políticos se enzarzan en la guerra de siempre sin parecer que les importen demasiado unas víctimas que irán cayendo en el olvido.Cuando muchos andamos enfrascados en la vuelta al cole, el terror intenta batir sus propio récord y en la desconocida Osetia del Norte se toma como rehenes a todos los miembros de una escuela. La crueldad parece que nunca va a tener límite. Todo terminó como presagiaban los peores augurios, tampoco demasiado descabellados vistos los resultados de otro catastrófico intento de rescate en un teatro de Moscú por las fuerzas de seguridad rusas. La Comunidad Europea, de EEUU no esperaba nada, ha realizado una tímida, cobarde y vergonzosa condena pareciendo no querer incomodar demasiado a Vladímir Putin.Malditos sean todos estos terroristas y malditas sus terribles acciones que se enmarcan dentro de un mundo no menos maldito. Las consecuencias de este terror de impredecibles consecuencias son difíciles de vaticinar, pero nunca podrá ser analizado de forma rigurosa y exhaustiva mientras no se incluya en su estudio el conocimiento serio y objetivo sobre quiénes han sido y son los verdaderos responsables del nacimiento y desarrollo de este monstruo.
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