Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 3 de septiembre de 2004
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La medalla número veinte
SANCHO
Aunque por el titular del artículo pueda parecerlo no es mi intención valorar el número de medallas conseguidas por España en la Olimpiada recientemente terminada. Es de sobras conocido que fueron diecinueve las conseguidas, gracias a que no se aceptaron las reclamaciones sobre el bronce en salto de longitud conseguido por el neo español Joan Lino Martínez y que tenía bastante pinta de nulo. De todas formas alguna vez nos tenía que tocar el tener a los árbitros o jueces a favor.

Quien no tuvo empacho alguno en hacer valoraciones fue el Secretario de Estado para el Deporte. Al ocupar el cargo que ocupa no tenía más remedio que hacerlo pero podría haber sido algo más comedido. Si la participación española en los Juegos Olímpicos puede considerarse como exitosa, cosa que dudo, el mérito lo tendrían, además de los deportistas, los dirigentes del deporte patrio entre la Olimpiada de Sydney y la actual. Seguimos reincidiendo en el error de no entender que, en otros países no mucho más desarrollados que el nuestro y que siempre nos miran desde arriba del medallero olímpico, la base del éxito radica en el deporte universitario y que en España prácticamente no existe. Uno de los pocos ejercicios físicos que tenían cierto arraigo en el ambiente universitario, por fortuna ya está en decadencia, era el correr. Pero, evidentemente, se trataba de correr delante de la policía.

Gracias a la mínima diferencia horaria existente entre España y Grecia las retransmisiones deportivas han tenido un seguimiento más que aceptable. Dentro de cuatro años la cosa cambiará bastante pues las competiciones en Pekín o Beijing (también esto tendrá su debate) se celebrarán en horas bastante inhabituales para nosotros. En el apartado televisivo me ha llamado poderosamente la atención el trabajo realizado por TVE, pues parece que en esta casa y desde hace ya muchos años se ha instalado un estilo tan rancio y tan oficialista que nadie va a ser capaz de terminar con él. Pedro Barthe, ayudado por el tono monocorde de Javier Imbroda, hizo todo lo posible por hacernos insoportables, con su estilo soporífero y aburrido, los vibrantes partidos de la selección de baloncesto y el único día que se animó fue para amargarnos aún más la ya de por sí amarga derrota frente a los americanos. Ahora bien donde ya se rizaba el rizo de esa forma tan especial de informar que sufren los trabajadores del ente público era en el programa resumen de la Primera dirigido por el mismo periodista. Nos ilustraban noche tras noche con un curioso medallero en el que no se ponía junto al nombre de cada país el puesto que ocupaba en el mismo. Como España estuvo casi todo el tiempo bastante alejada de los puestos de cabeza pues, tras ponernos en pantalla los ocho o diez primeros países, se saltaban a unos cuantos y nos colocaban a nosotros.

Creo que eran más de trescientos los trabajadores del ente público desplazados a Atenas que, para mi modesta opinión, se llevaron una auténtica lección de periodismo por parte de los enviados de la cadena SER que nos hicieron conocer aspectos humanos de nuestros deportistas de los que nada habríamos sabido si no hubiese sido gracias a sus retransmisiones. Manolo Lama hizo entrevistas inolvidables a los nuestros en momentos muy emotivos para ellos a los que siempre se unían, gracias al teléfono, familiares y amigos. Retransmitieron en directo, algo que yo no había oído jamás, partidos de hockey hierba o voley playa, con el agravante de que TVE en esos momentos retransmitía deportes en los que no participaba ningún español y dejaba para el diferido actuaciones memorables de los nuestros.

Los españoles somos expertos en colgarnos medallas. Ni lo sé, ni me preocupa, que la cadena SER se haya colgado alguna por su trabajo en Atenas, pues no tengo el menor empacho en otorgarles mi particular medalla número veinte por su magnífico trabajo.
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