Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 17 de septiembre de 2004
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Fumar porros perjudica tu salud
SANCHO
Dentro de la sección el Oasis, a primeros de este mes, hacía un comentario Manolo de la Torre sobre como los columnistas huyen en sus escritos del uso del refranero y, para ello, se basaba curiosamente, en un refrán. También mi hijo mayor, trabajador de este periódico, me ha reprochado en ocasiones el que utilice más de la cuenta los refranes en mis escritos. Imagino que el motivo principal de este poco gusto por el uso del refranero entre los habituales de la prensa escrita, estará basado en que se entiende como un recurso demasiado fácil el acudir a las frases hechas o dichos populares y se prefiere que las ideas se expresen con palabras propias.

El caso es que cuando, en bastantes ocasiones, he expuesto mis argumentos en contra del consumo del cánnabis con resultados poco satisfactorios al no convencer a mi interlocutor, he tenido que terminar la conversación con aquello de "no hay peor sordo que el no quiere oír". Me recuerda mucho al apogeo de las campañas antitabaco en las que, al contemplar en cualquier documental la imagen de unos pulmones ennegrecidos y destrozados, siempre había fumadores empedernidos que me comentaban algo similar a "que no sería para tanto" o que incluso las imágenes estaban falseadas.

Cada vez hay más datos que avalan la malignidad del cannabis. El primero y más preocupante es el considerable aumento de la demanda de tratamiento en los centros de atención de drogodependencias por consumo de esta droga, lo que demuestra la preocupación de sus consumidores (principalmente menores de edad) por los efectos perjudiciales del mismo. Suelen presentarse casos de ansiedad que acaban unidos a trastornos psiquiátricos, aunque lo más preocupante para mí es la falta de motivación que genera en los jóvenes consumidores con apatía, lenguaje monótono, falta de interés y dificultades de concentración y memoria que les traen consecuencias muy negativas al encontrarse muchos de ellos en época de aprendizaje.La ministra de Sanidad ha hecho sonar la alarma en el Congreso de los Diputados. No sólo preocupa gravemente el aumento del consumo de hachís y marihuana entre los adolescentes, puesto que el uso de la cocaína se ha duplicado en 10 años. No comprendo como estas cifras no alarman a determinados sectores, quizás porque la lluvia de las mismas que nos cae encima a diario nos esté haciendo caer en la peligrosa costumbre de habituarnos a las mismas como también ocurre con los muertos en accidente de carretera.

Imagino que las medidas más eficaces para contener ésta que parece incontenible marea deben ser las educativas y las preventivas unidas a eficaces actuaciones judiciales y policiales. Creo que ya va siendo hora de dejar de escuchar estúpidas argumentaciones y darse cuenta de que este peligroso aumento en el consumo de drogas puede tener un inicio tan sencillo como el beberse unas cuantas litronas.

Ni es alarmarse por alarmarse, ni que uno, con esto de la edad, se esté volviendo más conservador. La ruina moral, económica y de todo tipo que asola a muchas familias españolas cuando ven a sus hijos caer en estas peligrosas garras del mundo de la droga, que incluso les llevan a la muerte, no se puede intentar minimizar con falsos talantes progresistas ni con posturas farisaicas que a nada conducen.
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