Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 13 de agosto de 2004
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Olimpismo decadente
SANCHO
Hablar, hoy 13 de agosto, de la decadencia del movimiento olímpico es muy probable que, al menos, parezca un atrevimiento. Incluso admitiría que se tildase como una provocación o una baladronada. Es normal, pues esta tarde tendrá lugar la ceremonia inaugural de Atenas 2004, los XXV Juegos Olímpicos de la Era Moderna y no cuadrará demasiado hablar de decadencia cuando se esté viendo el habitual espectáculo de inauguración (después del de Barcelona 92 pocas novedades se han podido aportar) y el siempre emotivo desfile de participantes cargados de ilusión. Desde las más poderosas representaciones dispuestas a luchar por las medallas hasta esos países con muy pocos deportistas y que nos costaría mucho trabajo, si es que nos suena el nombre, de situar en un mapamundi.

Allá por 1.896 y también en Atenas, por aquello de rememorar los antiguos Juegos, tuvo lugar la primera Olimpiada de la era moderna. Se celebró bajo el mismo lema que en la antigüedad: Citius, Altius, Fortius (más rápido, más alto, más fuerte). Y es probable que ese afán de más, más, más, esa lucha por los récord, tanto deportivos como de audiencias y demás, sean la causa del principal de los males que afectan a los Juegos.

Sería retrogrado, e incluso estúpido, en los tiempos que corren intentar mantener aquel espíritu olímpico que se recreaba tan maravillosamente en la película "Carros de fuego". Retroceder aún más en el tiempo y recrear la vida de los atletas de la Grecia clásica, como hemos visto en la serie documental de TVE 2 con nuestro paisano Waldo Moreno de protagonista, es casi comparable a ver un documental de arqueología. No existe ninguna coincidencia entre la filosofía que impregnó las primeras Olimpiadas de la era moderna y las actuales. En 1900 a los medallistas de plata y bronce les regalaban calcetines y al ganador del oro, además, un cortaplumas. Es más que evidente que la cosa ha cambiado bastante y el amateurismo no desapareció oficialmente hasta 1.976, el mantenerlo era un auténtico sarcasmo, año en que el COI admitió las compensaciones económicas para los atletas por el tiempo que tenían que faltar a sus trabajos para entrenar. El profesionalismo triunfó de pleno, ya era un hecho clamoroso, cuando se permitió al Dream Team de la NBA participar en Barcelona 92.

Las Olimpiadas que se inauguran hoy, si el fanatismo de algún grupo terrorista no hace alguna de las suyas, van a verse desgraciadamente muy influenciadas por la lucha contra el dopaje. A nivel mediático van a tener parecidos espacios tanto la consecución de alguna medalla como la expulsión de los Juegos de algún deportista. Hay quienes se han curado en salud y han preferido no acudir. Es el caso de atletas estadounidenses que han quedado sospechosamente mal clasificados, teniendo magníficas marcas esta temporada, en sus pruebas de selección para designar el equipo olímpico. O el caso de las tenistas Jennifer Capriati o Serena Williams que se retiraron de la selección USA este miércoles pasado. Ya en el Torneo de Wimblendon la prensa especializada se sorprendía de lo poco musculada que estaba Serena, aunque lo veían como "normal" por ser año olímpico.

Son muchas, seguramente demasiadas, las exigencias a que se ven sometidos los deportistas de elite que en ocasiones terminan siendo juguetes rotos. Cada vez está más lejano el viejo lema olímpico de Citius, Altius, Fortius, pues por desgracia está sucediendo que el más rápido, el más alto, el más fuerte, no siempre está resultando el más limpio.

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