Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 16 de julio de 2004
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En el Paraíso sólo durante un mes
SANCHO
El miércoles pasado, mientras leía uno de esos libros que siempre se dejan para el verano y con la permanente compañía de ese televisor que encendemos diariamente y casi de forma instintiva, me llamó la atención uno de los reportajes que emitía Andalucía Directo. Aparecían las típicas imágenes de cualquier día de verano en la playa de la Caleta de Cádiz: bullicio, juegos, algarabía, salpicaduras... en fin, niños y niñas disfrutando bajo un espléndido sol y ante la muy relajada vigilancia de sus madres. Pero había algo que llamaba la atención, era algo diferente a lo habitual, unos niños que se divertían igual que los demás pero tenían un sello peculiar. Niños muy rubios, de piel bastante más blanca y que, sobre todo, se distinguían de los demás por su mirada especial. Mirada que ya he visto otras veces en los ojos de otros niños y no es fácil de explicar. Una mirada que, a pesar de sus pocos años, parece haberlo visto casi todo, con poco espacio ya para la sorpresa, yo diría que una mirada no triste pero sí de profunda resignación.Eran niños bielorrusos. Niños que, por supuesto, ni habían nacido aquel fatídico 26 de abril de 1986 en que se produjo el trágico accidente nuclear en la central de Chernobyl, pero que siguen padeciendo las dramáticas secuelas radiactivas producidas en aquella región de la antigua Unión Soviética. Comentaban en el reportaje que, gracias a este mes y medio de vacaciones fuera de aquel terrible ambiente, su esperanza de vida podría prolongarse un año.

Son varias las experiencias de este tipo que se realizan en España. En concreto ésta de Cádiz auspiciada por la Hermandad de la Veracruz de esa ciudad. El pasado mes de junio llegaban a Sevilla en el AVE otros niños cuya mirada, si cabe, era aún más inquietante. Niños procedentes de los países que conformaban la antigua Yugoslavia, bosnios, croatas, albanokosovares... ¿qué mas da? Niños que han vivido de forma directa los más crueles horrores de los que a veces es capaz esa "bestia" llamada ser humano. Puede que hayan visto como asesinaban a su propio padre, puede que hayan visto su casa y su pueblo arrasados por el fuego, puede que ni siquiera sepan dónde están sus familiares más directos, puede que hayan visto como su propia madre o hermanas sufrían vejaciones que ni me atrevo a nombrar.

También se realizan este tipo de acciones humanitarias con niños saharauis por muchas zonas de España. Quizás no estaría de más que algunas instituciones o entidades de nuestra ciudad mostraran en alguna ocasión algo de solidaridad. No me refiero precisamente a los que ya están haciendo todo lo que pueden y más a favor de la gran afluencia de inmigrantes que tiene Ceuta. Me refiero a otras que podrían dejar de lado el socorrido "golpe de pecho", el típico acto benéfico de pajarita y relumbrón o de colocar sus símbolos en puntos claves de nuestra Ciudad para acercarse algo más a estos dramas de la Humanidad.

Viendo a estos niños que deberán asombrarse de algo tan habitual para nosotros como es ver la nevera bien repleta, las habitaciones de nuestros hijos bien pertrechadas de televisor, ordenador, video juegos etc., los centros comerciales atestados de lo que nunca han visto o los bares y restaurantes donde se tira en un rato la comida que les podría alimentar durante una semana...

Viéndoles en el día de su despedida siempre me preguntaré por qué la generosidad, el altruismo, la conciencia, la caridad de los hombres puede tener billete de ida y vuelta.
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