Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 13 de marzo de 2004
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Sociedad enferma
SANCHO
Difícil, resulta muy difícil, en esta mañana de dolor, de tragedia y de rabia ponerse frente al ordenador para escribir la colaboración semanal. El horror más absoluto nos golpea desde cualquier medio de comunicación al que accedamos. Aquí no hay sensacionalismos que valgan, la realidad supera a la más terrible y trágica previsión que cualquiera podría haber hecho de un atentando de la banda asesina ETA.

Será cuestión de, aunque nos pueda parecer imposible, intentar serenarnos y no caer otra vez (como recientemente ha ocurrido) en la trampa que nos tienden estos criminales. Esperemos que de una vez por todas y aunque para ello haya habido que pagar tan elevado coste de vidas humanas, la respuesta de todos los partidos democráticos, sin excepción alguna, sea firme, contundente y, sobre todo, UNIDA. Que no haya nadie que sea capaz, ante tamaña tragedia, de intentar medrar con intereses bastardos.

Ante desgracias como ésta, cualquier otro asunto forzosamente tiene que parecer nimio e insignificante aunque el que quería tratar hoy también nos muestra hechos y actitudes difíciles de entender. Ha sido bastante comentada en la ciudad la salvaje agresión sufrida por una niña de 13 años a manos de otras dos de similar edad. El caso no me resulta ajeno pues la víctima que ha sufrido la agresión es alumna mía y tanto sus compañeros como sus profesores nos hemos sentido bastante afectados.

Múltiples y variadas han sido las reacciones. Casi todas tienen el denominador común de que resulta ciertamente increíble que puedan ocurrir casos como éste. Desgraciadamente no son pocos los sucesos violentos que nos acechan día a día y sin cesar, además cuesta trabajo entender la difusión y el seguimiento que muchos de ellos tienen por algunos medios de comunicación. Es indignante y casi rayan en la náusea programas de televisión donde se muestra la cara más triste e infeliz de la vida de muchas personas, llegándose en muchas ocasiones a mostrar bajo un incomprensible tono de jocosidad.

Esta violencia sólo puede nacer de una sociedad a la que, definitivamente, habrá que diagnosticar como enferma. No se puede caer en atrevidas suposiciones de buscar responsabilidades en uno u otro sector. Las primeras culpables, las niñas agresoras, seguramente también son víctimas de una sociedad injusta y cruel que, sin quererlas justificar en absoluto, las ha podido llevar a cometer tamaña brutalidad.

Han sido mil y un comentarios los que he podido oír en estos días, que si la Justicia, que si la falta de seguridad, que si la escuela, que si la juventud, que si la familia... Frente a esta problemática no creo que lo más adecuado sea dar opiniones sesgadas pues los episodios violentos entre menores son cada vez más frecuentes y, frente a ellos, habrá que fomentar valores como la convivencia y la comprensión que están en claro retroceso.

Casos como éste se escapan a la labor que hace la escuela, pues frente a los valores que fomenta se encuentra con una sociedad empeñada en mostrar ejemplos y espectáculos lamentables que, por la difusión mediática, calan con gran facilidad en los sentimientos de los menores.

Las soluciones pasan, indefectiblemente, por una profunda reflexión social que asuma la enfermedad que padece y busque los posibles remedios para la misma.
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