Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 19 de marzo de 2004
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Saber perder
SANCHO
Por primera vez en nuestra democracia un gobierno que gozaba de mayoría absoluta en el Congreso ha pasado, en unas solas elecciones, a la oposición. Felipe González primero perdió la mayoría, en 1993, y luego el poder, en 1996. En este año José María Aznar alcanzó el gobierno en minoría para, posteriormente, conseguir la mayoría absoluta en el 2000. No es cuestión de engañarse pero ni siquiera los más optimistas podían pensar en que se produciría una victoria como ésta, ni lo más pesimistas imaginarían semejante derrota.

Nunca sabremos, porque las encuestas siempre tienen amplios márgenes de error, si las distancias entre PP y PSOE se estaban acortando o no antes del terrible atentado del pasado jueves. Lo que resulta evidente es que este hecho movió a una participación muchísimo mayor y se movilizó un elevado número de votantes (en anteriores convocatorias no habían participado) que han llevado a José Luis Rodríguez Zapatero a cumplir su innovador anagrama, que tantas chanzas y burlas suscitó en las filas populares, "ZP" (Zapatero Presidente).

Frente a estos resultados, me produjo gran complacencia la primera reacción del Sr. Rajoy que, verdaderamente cariacontecido, asumió la derrota y felicitó de forma caballerosa a su oponente. Pero, pasados estos primeros momentos, se han producido reacciones variopintas aunque no sorprendentes. Hace meses tuve ocasión de escribir sobre doña Pilar del Castillo, ministra en funciones, de la que en su tiempo me sorprendió su espectacular metamorfosis de aquella extrema izquierda universitaria a las filas del PP. Ahora bien, no me esperaba sus últimas declaraciones, tras el descalabro electoral, más bien cercanas a la extrema derecha. Es del todo inaceptable que se cuestione la validez de unos votos y no la de otros. Si un elevado número de ciudadanos ha decidido ir a votar y en otras ocasiones no lo hizo, ésa ha sido su libre decisión y entiendo debe merecer el mayor de los respetos y no las descalificaciones que han recibido por parte de la pronto ex-ministra de Educación.

En las descalificaciones de los medios de comunicación más reaccionarios de España no voy a entrar, simplemente porque las desprecio, y que conste que tampoco tengo fe ciega en el gran imperio del Sr. Polanco pues nadie debe arrogarse la posesión de la verdad absoluta.

Probablemente habrá hilos ocultos que no conocemos en esta guerra mediática, ya existente, recrudecida tras el atentado del 11-M y los juicios de valor, seguramente, sólo nos conducen a errores en los que caemos víctimas de las manipulaciones de algunos medios de comunicación.

Dice el dicho aquello de "quien siembra vientos..." Y en esto, José María Aznar ha demostrado ser un auténtico fuera de serie, aunque el batacazo se lo haya llevado, en su nombre, el señor Rajoy. Se enfrentó al nacionalismo vasco y no cruzó ni dos palabras con el lehendakari Ibarretxe a propósito de su controvertido plan. Su portavoz, Eduardo Zaplana, se arrogó las atribuciones del Tribunal Constitucional y declaró que el pacto tripartito de Cataluña era contrario a la Constitución. Convirtieron a Carod Rovira, a raíz de su lamentable decisión de entrevistarse con ETA, en la reencarnación del diablo. Eso sí, no contaron con que esa actitud le iba ayudar a pasar de uno a ocho diputados en el Congreso.

Antes decidieron por su cuenta y riesgo, con la oposición del resto de fuerzas políticas, ponerse al lado de Bush en la guerra de Iraq. Además la mayoría de ciudadanos se opusieron frontalmente a esta intervención y se les despreció olímpicamente, pero no hay que olvidar que, en los sistemas democráticos, son esos mismos ciudadanos quienes deciden y lo han hecho, vaya si lo han hecho. Ha sido más una victoria de la democracia que un triunfo del terrorismo.

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