Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 23 de agosto de 2002
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Dos aduanas en una
SANCHO

Durante bastante tiempo, fuimos muchos los ceutíes que sufríamos una especie de trauma por el obligado paso de la aduana de Algeciras. Creo que las cosas han cambiado bastante y los que puedan sentir alguna preocupación por este casi irrelevante hecho, seguramente será debido a que transportan sustancias ilegales o pretenden ejercer de “paraguayos” al por mayor.

Ha cambiado mucho y supongo que para mejor aquella vetusta aduana de imperturbables guardias civiles que no sólo te inspeccionaban el equipaje a fondo, sino que además y bajo su escrutadora mirada te ponían bastante nervioso aunque, como se decía, no tuvieses nada que declarar. Recuerdo especialmente aquellos tiempos en que la mili me obligó a “veranear” en Camposoto. Aprovechábamos los fines de semana para ganarnos cuatro pesetas con algún cartón de tabaco y alguna botella de whisky para revender o bien para mantener contento al furriel y, de paso, librarnos del temible servicio de cocina. Pasar aquello por la aduana suponía un auténtico trago pues nunca teníamos muy claro lo que nos dejarían y lo que no.

Como decía las cosas han cambiado y mucho. Entre los guardias civiles son ya mayoría los jóvenes. Las instalaciones no son las mismas ni por asomo. Además existen modernos medios técnicos de control muy bien apoyados por los perros anti droga. De todas formas, creo que estas medidas sólo son eficaces para luchar contra el menudeo. El consumo de marihuana, por desgracia, se extiende sin parar y los grandes traficantes deben de tener vías seguras para hacer llegar el producto a sus consumidores y me temo que poco daño les hace esta vigilancia en los puertos ceutí y algecireño.

De todas formas, y sin ánimo de ser demasiado estricto, no entiendo el diferente tipo de control existente en el puerto de Algeciras según se circule en un sentido o en otro. Esperaba pacientemente la otra tarde mi turno para embarcar cuando observé diversos comportamientos que me dejaron estupefacto. El primero fue la espectacular llegada de un vehículo todo terreno que, tras saltarse toda la cola, se colocó el primero para embarcar un simple remolque de los que se utilizan para las motos de agua. Entiendo que no hay ninguna ilegalidad en embarcar un remolque, pero hasta el más ‘lelo’ podría imaginar que aquello no tenía fines ni lúdicos, ni deportivos, ni recreativos. Si este embarque del remolque no puede impedirse por no ser ilegal, que al menos no se coloque en primera fila a quien lo transportaba como si se tratase del mismísimo rey Fahd.

Por otra parte los ocupantes de un vehículo deportivo, de esos de lunas tintadas, no tuvieron el más mínimo reparo en fumarse un suculento “porro” seguramente que para relajarse tras un agotador viaje de “negocios”. El inconfundible tufo se apreciaba con bastante nitidez y, a muy poca distancia, pasó un coche de los G.R.S. que ni siquiera miraron. Creo que si la misma situación se hubiese dado en el puerto de Ceuta, la actuación de los guardias civiles hubiese sido bien diferente.

El caso es que me quedé con la impresión, puede que exagerada, de que si la aduana se atraviesa en dirección Ceuta todo da igual y los controles se relajan de forma notable. Bueno, más que relajarse es que no existe control alguno. Por lo que vi hay una sola aduana pero con dos comportamientos. El que se tiene para los que se dirigen hacia nuestra ciudad me dio la impresión de que quería decir, más o menos, “¡qué más da si van para Ceuta!”. En fin, el desinterés y el abandono más absolutos.

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