Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 30 de agosto de 2002
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¿Cortesía o pleitesía?
SANCHO

El pasado martes el rey don Juan Carlos visitaba al rey Fahd en su residencia marbellí. Fuentes del palacio de la Zarzuela indicaban que era una visita privada, de cortesía, a un jefe de Estado que se encuentra en el territorio nacional. Espero que esto de nacional no haya molestado demasiado a quien todavía controla Marbella, don Jesús Gil y Gil.

Quisiera aclarar de antemano que no es precisamente la monarquía, por muy constitucional que sea, el sistema que mayores simpatías despierta en quien suscribe. Si a lo largo de la historia de España este sistema ha tenido más horas bajas que altas, creo que en el contexto europeo actual la monarquía tampoco pasa por sus momentos más álgidos. De los monarcas de países con menor desarrollo que el nuestro, por ejemplo el del vecino país, prefiero no opinar pues me vienen a la mente demasiadas inconveniencias.

Guste o no guste las dinastías europeas han quedado para rellenar páginas tipo “HOLA”. Resultaría prolijo citar aquí los mil y un ejemplos posibles en torno, por ejemplo, al heredero de la corona inglesa y su matrimonio con Diana Spencer. Por otra parte, aunque no tengan categoría real sino sólo de príncipes, en lo que se refiere a foco de noticias de lo más retorcido posible, el principado de Mónaco está en los niveles más altos. Como decía los casos son múltiples y de sobra conocidos.

En el caso del rey don Juan Carlos, creo que su reinado tuvo un inicio con más expectativas de las que, con el tiempo, han ido fructificando. Es importante no olvidar que nació con la importante lacra, al menos para muchos, de ser designado “sucesor a título de rey” por el general Franco. La mediación real durante la transición y la, al parecer, decisiva actuación la noche del 23-F acrecentaron notablemente la estima general por nuestro monarca. Desde entonces su figura no ha hecho más que decrecer y su actividad relegada a un nivel de importancia bastante bajo. Si a la gente se le preguntase por actos importantes de su reinado, sin contar los ya citados, seguramente diría que las bodas de las infantas o cualquier otra nimiedad en torno al príncipe de Asturias.

Todo ello demuestra que tanto durante los mandatos de Felipe González como durante los de José María Aznar se ha ido relegando más y más la figura del monarca. Y no es que me parezca mal sino todo lo contrario. Su imagen es, prácticamente, nada más que decorativa. Todavía no entiendo como en la crisis de la isla del Perejil no tuvo participación alguna y si la tuvo, ¿por qué se ha mantenido totalmente oculta? Pienso que las malas relaciones entre España y Marruecos podrían haber mejorado algo con su intervención. Aunque lo que verdaderamente me apetece es que visitase de una vez nuestra ciudad, con lo que no creo que se mejorase precisamente el asunto, sino todo lo contrario.

Así que en esta insulsa vida de nuestro monarca no entiendo el por qué tiene que ser él precisamente quien visite al monarca saudí durante sus vacaciones que, por cierto, no han cumplido las ilusorias pretensiones económicas que se tenían con su estancia en Marbella. Más que de cortesía ante el anciano y enfermo monarca árabe, lo que no disminuye en absoluto su gobierno de tiranía feudal, parece que don Juan Carlos ha rendido una cierta pleitesía al imperio de los petrodólares. No entiendo el empeño en mantener tan buenas relaciones con estos verdaderos especialistas en atentar contra los derechos humanos.

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