Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 17 de mayo de 2002
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El mapa político
SANCHO
De forma constante y reiterativa en las abundantes tertulias, tanto televisivas como radiofónicas, donde se lucen muchos de los que se consideran las cabezas pensantes del país está surgiendo el tema, motivado por las confrontaciones electorales de varios países, de la nueva configuración del mapa político. Aunque algunos intenten disimularlo y otros sean más descarados en la exposición de sus planteamientos, estos contertulios esconden bajo la máscara de la objetividad o la imparcialidad una defensa a ultranza de su particular ideología, o lo que me parece más grave una defensa demasiado llamativa de los intereses del grupo mediático al que pertenecen. Por poner un ejemplo solamente y con motivo de la fusión de las dos plataformas digitales a favor de un nuevo monopolio que nos haga un poquito menos libres, han resultado muy curiosos y esclarecedores todos aquellos comentarios defendiendo posturas bastante diferentes a las que se establecieron con motivo de la anterior batalla por el control de estas plataformas. De los vaivenes electorales que tanto están transformando el mapa político tradicional, resulta evidente que los elementos más llamativos a destacar son dos. El primero el considerable avance y afianzamiento de los partidos de extrema derecha y el segundo la debacle de los partidos socialistas. Todo ello aderezado con la enorme importancia que ha adquirido el gran aumento de población de origen inmigrante, para muchos causa principal del florecimiento de este fervor ultraderechista. Si lo de Austria fue ya un importante aviso, el fenómeno ha seguido confirmándose primero en Francia y ahora en Holanda. En absoluto me olvido de Italia o España donde la ultraderecha ha tenido una muy curiosa metamorfosis que luego explicaré. Para mí lo más grave y preocupante es el importante retroceso de la ideología socialista. Como responsables de este fenómeno aparecen a primera vista los propios partidos socialistas europeos que no han sabido ofertar un programa electoral acorde con su propia ideología. En los países donde han tenido responsabilidades de gobierno se han ido acomodando al sistema con ese sucedáneo del socialismo que ha sido la social democracia. Al instalarse en el poder han entrado en pleno contacto con los grandes poderes económicos que verdaderamente rigen, no sólo ya a estos países, sino al mundo entero y, como no han podido imponerse a la fuerza del liberalismo económico, se han ido diluyendo poco a poco en un quiero y no puedo. De todas formas también ha sido culpa suya, y grave por cierto, el inculcar al electorado la peligrosa idea de que las diferencias ideológicas entre derecha e izquierda no son tan grandes, sino de matices. Si los socialistas no han sido los culpables de que esta idea se extienda por gran parte del electorado, más culpables me resultan por no haberla combatido con todas sus fuerzas. Los grandes beneficiados han sido los partidos de la ultraderecha que explotan al máximo y a su manera la preocupación existente ante el fenómeno de la inmigración. En España, por ahora, no aparece en el horizonte ningún Le Pen, pero no nos engañemos. La transición del franquismo a la democracia no queda tan lejos y ahí se produjo esa metamorfosis que antes mencionaba. A excepción del minoritario grupo que apoyó a Blas Piñar u otros líderes ultraderechistas de escasa relevancia, muchos de los que se mantuvieron en el poder durante el franquismo siguieron en política y se encuadraron dentro de la UCD o de Alianza Popular. No tenemos que irnos muy lejos, sólo a Galicia, para ver como todavía campa la figura de don Manuel Fraga, ex ministro franquista. Puede que aquella reconversión fuera beneficiosa para la democracia pero quizás también esas ideas de reforma laboral, política educativa o nueva ley de extranjería que hoy exhibe el llamado centro derecha sean fruto del poso dejado por aquellos del antiguo Régimen reconvertidos en demócratas.
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