Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 15 de marzo de 2002
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El rincón de los torpes
SANCHO
Entre los recuerdos, algunos ya confusos, de aquella modesta escuela de la calle Viñas a la que acudí en mi infancia, permanece en mi memoria con bastante nitidez el de su mobiliario. Pupitres ajados y desiguales con aquella superficie rugosa e inclinada en la que abundaban, casi todavía frescas, las manchas de tinta de los tiempos de la escritura con plumilla. Y unidos a este mobiliario, como si fuesen algo indisoluble, aquellos niños que siempre estaban al fondo de la clase, demasiado apartados de los demás porque aquello era el temido rincón de los torpes. Bueno, quizás no tan temido, podría decir que casi hasta admirado, puesto que los líderes indiscutibles de los partidos de fútbol que jugábamos a la puerta misma de la escuela eran, precisamente, aquellos niños. La escuela de hoy ha evolucionado, entiendo que para mejor. Instalaciones, equipamiento, dotaciones, formación del profesorado... Infinidad de aspectos, muchos de ellos todavía susceptibles de mejoras, conforman una realidad en la que todavía queda mucho espacio para la ilusión y para la esperanza. No me cabe la menor duda sobre que, de prosperar el documento presentado por la ministra de Educación titulado: Documento de bases para una ley de calidad de la educación, se iniciaría una muy perjudicial vuelta atrás para muchos componentes de la comunidad educativa que todavía mantienen la ilusión y la esperanza. Han sido muchos y muy grandes los esfuerzos de profesores, padres, alumnos, incluso de las diferentes administraciones educativas, para que la escuela siempre avance. Ciertamente que muchas iniciativas no han llegado a buen puerto, que seguramente no se está consiguiendo lo que todos los que formamos la comunidad escolar desearíamos. Pero, a pesar de todo, me resulta totalmente inadmisible que la solución pase por caer de nuevo en situaciones ya desechadas. El documento este, según las pretensiones del partido en el poder, pretende mejorar la calidad de la educación sin haber conseguido culminar muchos de los objetivos que se propuso la LOGSE. Ley que no se ha logrado llevar a cabo cuando tenía muchos elementos positivos y ahora la solución parece que va a ser la del decretazo ministerial con la mayoría de la comunidad educativa en contra. En toda esta amalgama de despropósitos me ha llamado particularmente la atención que se pretenda apartar a los alumnos llamados, utilizando el típico eufemismo, “alumnos con dificultades de aprendizaje” a partir de los 12 años con lo que se producirá una segregación nada pedagógica. Además se añade otro elemento que huele un poco a querer encasillar a determinados alumnos en algo parecido a un “ghetto” encaminado a los que tengan un desconocimiento total o parcial de la lengua española, para entendernos los inmigrantes. La incongruencia de la señora ministra alcanza cotas que cuesta comprender. Resulta que Doña Pilar del Castillo, en sus tiempos mozos de universitaria, era militante de la Joven Guardia Roja organización a lo que recuerdo como de tinte maoísta y tendencias revolucionarias. Por lo visto, conforme se va madurando, hay quien modifica de forma radical su ideología, bien por propio convencimiento o quizás con el afán de llegar a ciertos puestos o posiciones sociales a los que no hubiese accedido de mantener los antiguos ideales. Para mayor abundancia, se impulsa una reforma educativa, elitista y competitiva que más parece basada en aquel antiguo lema de la OJE “vale quien sirve” que en el afán de que la escuela siga siendo referencia de valores verdaderamente educativos y democráticos. A ver si va a resultar que la señora ministra mantiene aquellos posos maoístas de la juventud que bien poco tenían de participativos, sino más bien de totalitarios y que coinciden, en esto último, con este engendro de primer borrador de la Ley de Calidad que pretenden imponernos.
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