Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 1 de marzo de 2002
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Antes Juanito, ahora Johann
SANCHO

Resulta bastante curiosa, a la vez que chocante, la forma que tiene nuestra sociedad de elevar a alguien a las más elevadas cotas de popularidad para, a renglón seguido, sumirlo en los más bajos niveles de la estima general. Aquí pasamos vertiginosamente de querer aparecer retratados junto al famoso de turno a no querer verlo ni en pintura.

Nunca me gustó jugar a pronosticador y menos todavía a serlo en sentido agorero o fatalista pero, sin ánimo de jactancia personal alguna, afirmo rotundamente que maldita la gracia que pudo hacerme el ver como se rebautizaba al famoso esquiador Johann Muehlegg bajo el nombre de “Juanito”. Tampoco es que la cosa fuese para escandalizarse demasiado y darse falsos golpes de pecho. Aquí en Ceuta estamos ya escarmentados de esos españoles de nuevo cuño, hasta se dice que alguno juró la Constitución ayudado por un intérprete, que acceden al DNI única y exclusivamente para su beneficio personal y que tienen su corazoncito más allá de la frontera, pero éste sería tema, trascendental por cierto, para otra colaboración.

Cuando emergió en el panorama de los éxitos patrios la figura del esquiador antes alemán no todo fueron loas y alabanzas. Hubo reacciones adversas bastante contundentes y virulentas. Particularmente me llamó la atención la de Paquito Fernández Ochoa, pero lo fue sobre todo por reaccionaria y patriotera. El otrora abanderado español, pero de verdad, de los de antes, no aceptaba de muy buen grado que esa solitaria medalla de oro que hasta ahora sólo había lucido sobre su pecho, pudiese lucir, y por más de una vez, sobre el pecho del teutón. La verdad que para mí aquel éxito español, creo que fue en Sapporo, había sido fruto única y exclusivamente de la casualidad y de ese genio hispano que aparece de vez en cuando. Prueba de ello fue que ni Paquito se acercó siquiera a nada parecido, ni tampoco ningún otro esquiador español. Es evidente que el esquí entonces era deporte de niño rico y no había base ni planificación para llegar a ninguna parte.

Lo triste y grave es que muchos años después de aquel éxito seguimos prácticamente igual. Como en las Olimpiadas de Invierno no había manera de poder acercarse al ansiado medallero, los sesudos dirigentes del esquí nacional no tuvieron mejor idea que solucionarlo a golpe de talonario y el esquiador alemán, muy bien asesorado por su hermano Martin (cocinero de todas sus salsas, por lo visto también de las farmacológicas), encontró el chollo de los incautos dirigentes deportivos patrios, ávidos de pavonearse entre la elite olímpica en vez de encaminar sus esfuerzos y nuestros dineros a potenciar el deporte base y a planificar de forma seria y metódica la actividad de los deportes relacionados con la nieve.

Pero por mira por donde, a veces, lo justo acaba por imponerse. El antes querido Juanito, ahora odiado Johann resultó ser un tramposo al que España y su deporte le importa un pito. Informaciones periodísticas afirman que, cuando se conoció su descalificación, dijo entre risas: “Es la vida”. Sí Juanito, esto es la vida pero tú y los que te trajeron sois unos sinvergüenzas. Además el alemán lo tenía todo bastante bien montado. Sus entrenadores, auxiliares, hasta el médico, eran diferentes a los habituales de la Federación Española de esquí. Estaba libre de todo control, lógico, así podía hacer y por supuesto hizo todas las trampas que pudo.

Lo verdaderamente lamentable es que la droga ésta tan nueva, la darbepoetina (variante de la tristemente famosa EPO) que hasta ahora casi ni se podía detectar, habría podido ser descubierta por laboratorios españoles. Pero, al parecer, eso no interesaba a los dirigentes del esquí español preocupados más de figurar y presumir por la consecución de medallas. Todo ello, a costa de hacernos caer en un ridículo espantoso ante el COI cuando varias ciudades españolas pugnan por albergar Olimpiadas tanto de Verano como de Invierno.

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