Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 22 de noviembre de 2001
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Paseo por Europa
SANCHO
Otra vez y gracias al fútbol, estamos de enhorabuena. De nuevo la prensa deportiva junto a las retransmisiones radiofónicas y televisivas de la Copa de Europa, añorado nombre, relegan a un segundo plano a cualquier tipo de noticia. El fútbol actúa como si fuese un opiáceo capaz de adormecer la más palpitante actualidad. La Asamblea de Ceuta aprueba inicialmente sus presupuestos ¡qué pronto no!. Es que estábamos malacostumbrados. De Gescartera ya ni nos acordamos. ETA y su constante amenaza de sangre. La Universidad en pie de guerra (como contra Franco). Otra vez el maldito levante que nos incomunica. Corresponsales de guerra que mueren en su poco conocida lucha por informarnos. Ni siquiera nos preocupa ya dónde podrá estar el dichoso Ben Laden, “vivo o muerto”... Podría seguir enumerando temas de rabiosa actualidad pero ninguno sería capaz de restar brillo al esplendoroso paseo de los equipos españoles por Europa.

Nada tiene de extraño este despliegue informativo alrededor del fútbol en un país como España, donde el récord  de tirada para la prensa escrita lo tienen los periódicos deportivos. En estos días hemos podido ver como en los mismos se loan las gestas futbolísticas utilizando un lenguaje más propio de la epopeya que del periodismo. Además dos de las épicas victorias han sido frente a equipos ingleses, los de la pérfida Albión a quienes se la tenemos jurada ya desde la Armada Invencible, Trafalgar o Gibraltar, hartos de verlos cantar y consumir cerveza en abundancia por nuestros bares cuando tenemos partido de fútbol.

Por otra parte, qué gran satisfacción supone el tener a la Europa del fútbol a nuestros pies. Ya estábamos cansados de figurar en multitud de estadísticas al nivel de Grecia o Portugal. Siempre con la misma cantinela: inversión universitaria de las más bajas, siniestrabilidad en accidentes de autocar o carretera de los peores, en empleo de mujeres según la OCDE lo mismo, índice de lectura catastrófico. Pues ya era hora de que llegase el turno de nuestra venganza y con el Depor, el Barça y el Madrid pudiésemos ser cabeza de algo en Europa.

De todas formas es muy curioso esto de los equipos españoles, porque luego nos llegan las grandes citas de los campeonatos europeos o mundiales de selecciones mundiales y resulta que ni Zidane, ni Rivaldo, ni Kluivert, ni Figo, etc. etc. llevan la gloriosa elástica roja de nuestra selección. Todo nuestro goce y disfrute mientras los rivales europeos sufrían, se torna en disgusto, sufrimiento y desagrado por la labor de los chicos de Camacho. ¡Hay que fastidiarse!

Quizás nos hubiera venido mejor invertir parte de esas millonadas fastuosas y astronómicas en cuidar un poquito nuestro fútbol. Me estoy refiriendo al nuestro de verdad, no al de las grandes multinacionales, no al de los suculentos contratos con comisiones que asombrarían a cualquiera. El verdadero fútbol es el olvidado, es el de ese desconocido que un domingo ,a las ocho de la mañana o antes, recorre media Ceuta para recoger a unos chavales y llevarlos a jugar al Benoliel. O el del que se pasa la tarde en la Marina, muerto de frío, preocupado porque unos niños vayan conociendo los fundamentos del deporte que más les gusta. Labor muy dura e ingrata, pues los pequeños tienen que ejercitarse en unas instalaciones no ya tercermundistas, es que ni siquiera merecen tener el nombre de instalaciones deportivas. Cualquier día tendremos un disgusto con los que sí creen que esa zona es para practicar un deporte que por desgracia es el de las competiciones automovilísticas.

Me gustaría que alguna vez, mientras a gusto y en casita disfrutamos viendo a las estrellas futboleras, pensáramos un poquito en todos los que se dedican al fútbol de verdad pues son los únicos que si tuviesen el apoyo necesario, podrán sacar adelante jugadores de los que está tan necesitada nuestra selección. Y que esa reivindicación llegue de forma permanente a los de la foto y la amplia sonrisa en las esporádicas entregas de trofeos.

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