Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 1 de noviembre de 2001
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No pasa nada
SANCHO

Leía, a principios de semana, una de las firmas habituales de este diario, cuando una de las frases de la citada colaboración llamó mi atención de forma tan poderosa que supongo pasará el puente y seguiré albergando en mí todas las dudas del mundo sobre el asunto en cuestión. Conozco hace ya unos cuantos años a este colaborador del Faro y me consta su aguda y certera ironía; fueron muchas las sesiones plenarias del Ayuntamiento de Ceuta que compartimos en unos momentos de bastantes convulsiones en la vida política ceutí. Siempre con su agudeza y con su sarcasmo sacaba de quicio al entonces alcalde que más que este título merecía el de dictadorzuelo, pues a dictador no llegaba. Por cierto, comenta la rumorología política que de nuevo prepara su reingreso en la vida pública, como se acostumbra a decir en los nuevos vocablos de moda: ¡qué fuerte!. De todas formas nada tiene este hecho de extraño pues en esta ciudad y de cara a unas elecciones locales siempre aparecen diversas y variadas coaliciones bastante extrañas, o bien reapariciones sorpresas,  o incluso el último y esperpéntico invento de ¿un partido político? que cambia la G por la P.

Retomando la cuestión principal y en el artículo que comentaba sobre la retirada del embajador de Marruecos de la capital de España, se decía, quizás irónicamente, que no pasa nada. Pues la verdad que yo creo que sí pasa y mucho. Este gesto del monarca Mohamed VI es clara y fehacientemente inamistoso, por muchos paños calientes que se le quieran poner, en cualquier ámbito diplomático se sabe de sobra que el llamar a un embajador a consultas supone un gesto claro de enemistad. Las relaciones entre España y Marruecos ya pasaban por muy mal momento: negociaciones pesqueras entre Marruecos y la UE, acusaciones mutuas sobre la falta de cooperación en la persecución de la inmigración clandestina y otras polémicas muy graves como el asunto del Sahara occidental. Recuerdo de forma bastante clara aquel año 1.975, en el que un servidor hacía la mili y nuestro actual rey, entonces príncipe heredero aunque Jefe del Estado en funciones por enfermedad de Franco, visitaba a las tropas españolas en el Sahara para prestarles su apoyo y llevarles un mensaje de tranquilidad, como si no pasase nada, pues miren ustedes si pasó que Hassan II organizó la Marcha Verde y se quedó con la antigua colonia española en el occidente africano.

Entiendo como de una claridad meridiana que el asunto no es baladí y da motivos para tener una cierta y justificada preocupación. Los analistas y expertos en política internacional y más en las relaciones con Marruecos opinan que el asunto está más bien provocado por una problemática interna de Mohamed VI que ha fracasado de una forma clara y rotunda en sus intentos de modernizar el país con una clara oposición de la clase dirigente (el majzén). Siguiendo una de las sibilinas tácticas que utilizaba su padre y antecesor en el reino, ha pretendido distraer la atención sobre los problemas internos y ha recurrido, como es habitual en los monarcas alauitas, con una especie de rabieta real poco justificada a tensar las relaciones con el Gobierno español.

Por cierto que no tiene pies ni cabeza la reacción del ministro Piqué cuando se le pide opinión sobre la retirada del embajador marroquí y contesta que es el reino de Marruecos el que debe dar explicaciones. Desde luego que este gobierno no da ni una a derechas, ¡curiosa frasecita me ha salido!, ni en Economía, ni en Sanidad, ni en Educación, ni ahora en Asuntos Exteriores. Mire usted, Sr. Piqué, usted tiene que dar todas las explicaciones del mundo. Cuando las relaciones bilaterales entre dos países se rompen de una parte, la otra queda también totalmente implicada y debe facilitar las aclaraciones oportunas.

Si a todo este embrollado asunto le quedaba un punto más de duda, ése lo ha puesto, quizás sin querer, nuestro presidente don Juan Vivas que se ha visto metido en un charco que puede ser demasiado profundo para él. Una institución seudo autonómica como la ceutí, que por mucho que quieran hacernos ver lo contrario, está más olvidada que atendida, si no acudan ustedes por ejemplo a los temas educativos o sanitarios, repito esta institución que nos representa, de repente, y por arte de birlibirloque pasa al primer plano de la actualidad y en menos de 48 horas reciben a nuestro presidente: el rey, el presidente del Gobierno y el ministro de Asuntos Exteriores. Todo esto casualmente enmarcado en la llamada a consultas del embajador de Marruecos en España. Creo que contemplado el asunto desde el punto de vista de Ceuta y dicho de forma un poco castiza “la cosa es pa mosquearse”.

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