Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 25 de octubre de 2001
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De visita
SANCHO
Recuerdo con una especial nostalgia y añoranza aquellos años, los 60 tan traídos y llevados en el panorama musical, en los que la mayoría de los domingos estaban marcados por un ritual bastante estricto y repetitivo que mi hermano y yo esperábamos llegase de una forma bastante habitual. Era una frase normal en casa y que decía: “vamos de visita”. Este hecho, tan corriente en nuestras vidas, estaba impregnado de monotonía y de unas normas bastante severas, marcadas por la rigurosidad y sobriedad con que mi padre impregnaba todos sus actos. Entre estas normas para las visitas sabíamos de sobra que sólo debíamos hablar para responder de la forma más educada y correcta posible a las preguntas que nos hacían los mayores. No se nos pasaba ni por la imaginación tocar el platito de galletas, que invariablemente se colocaba sobre la mesa, hasta que los anfitriones nos repetían varias veces “anda, nene, coge una” y nuestro padre nos enviaba la correspondiente mirada de aprobación. Por otro lado, estaba terminantemente prohibido removerse inquieto en la silla cuando ya estábamos un poco hartos de la visita, subirnos aquellos malditos calcetines que, como siempre llevábamos pantalón corto, se caían sin remisión, o pobre de aquel que cayese en la irresistible tentación de pellizcarse la nariz. Pues sí, recientemente a nuestra ciudad ha llegado un miembro de la familia real también de visita. Ante todo, me ha recordado esta visita aquellas de mi infancia por las normas de protocolo que la han rodeado, ya que por lo que me han comentado han sido bastante estrictas. Por ejemplo, en el palacio municipal hacía tiempo no se recordaba el haber tenido que colocar la cantidad de alfombras que se tuvieron que poner. Afortunadamente todavía no llegamos a los extremos del vecino reino donde con motivo de una de las visitas de SM. Mohamed VI a la ciudad de Tetuán se llegaron a alfombrar calles enteras por las que el rey solamente pasaba en coche y durante unos pocos de metros. Lo dicho, que los encargados del protocolo de nuestra ciudad tuvieron auténticos quebraderos de cabeza, la cosa no era para menos, ¡una visita de un miembro de la familia real! Y es ahí precisamente donde quisiera comentar la nula trascendencia que para mí tiene la citada visita. Por cierto que quisiera felicitar al diario que gentilmente me ofrece esta colaboración por cómo cubrió la citada noticia. Se le dio la importancia debida ni más ni menos. Sin magnificar un acto que para la ciudad no tuvo prácticamente relevancia alguna. No se debe olvidar que la visita del infante Don Carlos a la ciudad se produjo única y exclusivamente porque el regimiento de caballería Montesa tiene aquí su sede, ni más ni menos. Que repito el citado infante estaba representando al rey don Juan Carlos por su condición de máximo representante de las órdenes de caballería españolas y como se supone que por su cargada agenda no puede asistir a todos los actos, para éste en concreto delegó en su primo. Es decir que la justificación exacta de la visita es porque Ceuta es sede del regimiento y nada más. Lógicamente han sido muchas las voces que se han levantado quejándose de la no visita a Ceuta de las principales instituciones del Estado y fundamentalmente la del rey como la primera, ayer mismo y en estas páginas Juan Luis Aróstegui trataba de forma certera y precisa este tema. Creo que ya debemos estar los ceutíes bastante hartos de que se nos intente conformar con toquecitos en la espalda al presidente de turno por parte de don Juan Carlos, al que por cierto vi bastante fuera de lugar en el acto del 12 de octubre con todas aquellas risas, chanzas y bromas a la finalización del mismo, con un presidente Aznar que no se distingue precisamente por su simpatía y solamente esbozaba esa especie de medio sonrisa antipática que tiene. No me pareció muy adecuada aquella actitud tras un acto tan solemne y con la situación internacional tan grave que se está viviendo. Muy al contrario del príncipe heredero, serio y circunspecto, al que ciertamente observé como algo alejado de todo aquello. Supongo que el arreglo de la casa y el futuro casamiento le obligaba a tener la mente en otra parte como para tener que reírle las gracias a papá. Así que para ir cerrando el tema principal que el espacio se termina, la visita ha sido “real” por cierta y verdadera, pero de trascendencia o apoyo institucional a la ciudad, nada de nada. Vamos que como en aquellas tardes domingueras de mi infancia, simple formulismo y vacuo protocolo.
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