Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 19 de septiembre de 2001
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Ceuta te enseña
SANCHO

Tras una serie de esporádicas intervenciones, en estas páginas, dentro de la sección “cartas al director”, se me ofrece la posibilidad por parte de la directora de iniciar una colaboración semanal. Intentaré ofrecer mi particular versión o quizás no tan particular de los distintos acontecimientos que todos observamos a diario. De ahí el título de observatorio que se completa con lo de escudero por el nombre que utilizo para firmar mis artículos. Curiosamente no hace mucho supe que en otra época un colaborador de este Diario utilizó durante algún tiempo el nombre de Sancho Panza, en ningún momento tuve intenciones del tipo de las de Ana Rosa Quintana sino simplemente al escribir mi primera carta al director firmé con el nombre que utilizaba habitualmente para navegar por la Red. Nombre que no elegí así porque sí ya que siempre sentí cierta debilidad por el cachazudo escudero de Don Alonso Quijano que, tras una primera apariencia de hombre muy apegado a la realidad, acaba compartiendo el idealismo de su señor.

Con esto del principio del Curso Escolar ha caído en mis manos una lujosa y supongo costosa guía titulada “CEUTA TE ENSEÑA” que recoge todas aquellas actividades que se organizan desde la Ciudad Autónoma para llevarlas a cabo en los centros escolares. Labor que estimo muy interesante por parte del amplio equipo que rige la Consejería de Educación y Cultura. Precisamente recuerdo con cierta nostalgia aquellos no tan lejanos tiempos en que la misma área realizaba un número importante de actividades bajo la dirección de un simple concejal o concejala junto a un reducido grupo de funcionarios. Bueno, aquellos eran otros tiempos.

Pues bien, nuestras autoridades culturales han tenido a bien colocar como prólogo a esta guía LA CARTA DE CIUDADES EDUCADORAS y me temo que lo han hecho simple y llanamente como relleno o porque quedaba mono. Entiendo que eso no es serio pues el objetivo de esta carta debe ser el defender una serie de principios de los que se está bastante pero que bastante lejos. Un documento de este tipo no debe ponerse como relleno sino como un compromiso serio a favor de su cumplimiento que, estimo, no se da en nuestra Ciudad. Tampoco es necesario hacer una lectura exhaustiva del mismo para darnos cuenta de esto último. Cito, por ejemplo, las primeras frases del punto uno: “Todos los niños y jóvenes de una ciudad, tendrán el derecho a disfrutar, en condiciones de libertad e igualdad, de los medios y oportunidades de formación, entretenimiento y desarrollo personal que la propia ciudad ofrece”.

Y yo me pregunto: si ya estos medios casi no existen ¿cómo van a tener los niños y jóvenes oportunidad de disfrutarlos con igualdad y libertad?. Estas cosas tan serias hay que pensárselas un poquito antes de darles la relevancia que se les ha dado. Los ejemplos pueden ser múltiples pues la carta consta de veinte puntos y abarca multitud de aspectos, como pueden ser el que la ciudad promueva una educación para la cooperación y la paz internacional. Que se evite cualquier exclusión por raza, cultura u otro tipo de discriminación. Que los responsables de la política municipal conozcan las necesidades de niños y jóvenes. Que los padres reciban formación para ayudar a sus hijos. Que la ciudad ofrecerá a los jóvenes la perspectiva de ocupar un puesto en la sociedad. Que se ponga especial atención en los niños y jóvenes recién llegados, inmigrantes o refugiados.

En fin, un cúmulo de propuestas muy interesantes que las autoridades educativas de la Ciudad no han tenido el más mínimo reparo en poner como relleno de una guía, cuando su cumplimiento está desgraciadamente lejos, pero que muy lejos.

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