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Riffien
Ceuta, 3 de marzo de 2005
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Testamento de un héroe
Javier Martí
En el anterior artículo narro la muerte en combate del capitán Pablo Arredondo Acuña, oficial de la 1ª compañía. O sea, podríamos decir que fue el primer capitán del Tercio.Su fama de militar africano le precedía, puesto que había obtenido una Cruz Laureada de San Fernando, la máxima recompensa de nuestro ejército, siendo segundo teniente de Infantería, al mando de una compañía del Batallón de Cazadores de Arapiles, en junio de 1913. El hecho tuvo lugar en Laucién (Tetuán), cuando realizaban un ataque a la bayoneta fue herido de bala en una ingle, a pesar de lo que continuó en su puesto y tomó parte en dos ataques más, destacando por su valor y serenidad (Real Orden de 14 de enero de 1915 publicada en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra número 11, de 15 de enero de 1915).Muy pocos militares han obtenido la Cruz Laureada de San Fernando en vida. Tal era el rango que otorgaba esta condecoración que recibía saludo de superiores y formaba la guardia cada vez que alguno de sus titulares hacía presencia en acuartelamientos y organismos militares.En su expediente figura destacadamente su actuación en la posición de Muñoz Crespo, donde dirigió en pie a la guerrilla que se encontraba en combate. Su posición erguida destacaba en el campo de batalla y recibió numerosos disparos en las piernas, aguantando de pie hasta que una nueva bala le afectó los nervios de una de ellas y cayó a tierra gravemente herido. Por si fuera poco, en su evacuación a lomos de mulos de Sanidad, el que le llevaba se despeñó, agravando más su sufrimiento.Tardó unos dos años en recuperarse de las heridas, viéndose obligado a llevar prótesis para poder caminar hasta su restablecimiento. En el tiempo que estuvo retirado conoció a Luisa San Teodoro Linares, a quien dio su palabra de matrimonio.De vuelta a la actividad guerrera, continuó dando muestras de valor, como siempre había hecho, participando en todas las acciones que le fueron ordenadas, cumpliendo siempre con éxito sus misiones.Y llegamos a los meses de verano de 1924, concretamente agosto, tres meses antes de morir en combate.El capitán Arredondo, héroe de los legionarios, hace testamento, pues conoce la misión que se aproxima, larga en su duración, dura en su desarrollo y llena de riesgo.Lo encontramos en Tetuán, el día doce de agosto, una jornada en la que tiene tiempo para ordenar su última voluntad.... Declaro que soy soltero, pero que tengo empeñada mi palabra de casamiento con la señorita Luisa San Teodoro Linares que habita en Madrid.Instituyo por herederos de todos mis bienes a mi madre, doña Rosario de Acuña y Martínez Pinillos, como usufructuaria de ellos mientras viva, pasando luego con igual carácter a mi hermano D. Juan Arredondo Acuña y a su fallecimiento, pase en propiedad a su hijo D. Pablo Arredondo Garrido, ahijado mío.Todo esto con la precisa y única condición de pasar una renta vitalicia de 150 pesetas mensuales a la señorita Luisa San Teodoro Linares. De no ser aceptada esta condición y aceptada y empezada a cumplir desde el mes siguiente a mi fallecimiento, queda entendido que renuncian a esta herencia, haciéndose cargo de ella como única heredera la señorita Luisa San Teodoro Linares.Es mi voluntad que si muero por mi Patria, pague mi madre mensualmente a la señorita Luisa San Teodoro Linares la diferencia entre la pensión que por mi muerte cobrara y la que como viuda de teniente coronel cobra actualmente, encomendándole, además, la misión cristiana de velar por ella y dirigirla, enseñándola a ser buena creyente, pues dada su situación desgraciada, viviendo como hasta hace poco en casa de una tía que como Cenicienta la trataba, vive en la ignorancia, teniendo un alma hermosa y angelical.Mando que lo que a mi muerte pague la Sociedad de Socorros Mutuos, a la que estoy afecto, se le entregue, por mi madre, a la citada señorita para que lo pueda emplear en lutos y pago de atrasos, entre ellos una alcoba sacada a plazos, que quedará en su propiedad.Lego a mi hermano Juan el tapiz con el escudo heráldico que tiene en depósito en su casa Luisa.Lego a mi ahijado Pablo la Cruz de San Fernando que lleve en mi uniforme al morir y sepa cumplir con la Patria.Lego a mi sobrino Pablo, hijo de mi hermano Luis, mi uniforme ensangrentado con el mismo fin.Lego, por fin, a mi madre queridísima y santa, la Cruz que me regaló la primera Brigada de Cazadores, heredándola luego mi hermano Juan y después mi ahijado Pablo, cuya Cruz está en poder de Luisa.Encargo a mis hermanos Juan y Luis hagan un ligero resumen de mi vida militar y se la lean con frecuencia a sus hijos, para que sirviéndoles de ejemplo, sigan éste y sean hijos amantísimos de España, como yo siempre lo fui.Declaro que no sé si algunas de estas disposiciones serán o no legales, pero son de absoluta conciencia y justas, pues sobre no necesitar mi madre, ni mis hermanos, de la insignificancia de mi capital, Luisa, faltando yo, no tendrá otros medios honrados de vida que los que yo le deje aparte de la sagrada obligación que tengo de velar por su porvenir desde que la saqué de su casa, hasta que se celebre nuestro matrimonio.Por todo ello suplico e imploro de mi madre y hermanos que en mi memoria y por humildad y por caridad, cumplan y celen por el exacto cumplimiento de esta mi última voluntad, aunque con ella tengan algún perjuicio.... Tal es mi última voluntad, por mí escrita y rubricada en todos los folios de estos dos pliegos de papel barba común que firmo.Pablo Arredondo Acuña
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