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Riffien
Ceuta, 18 de marzo de 2005
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¡Gloria a los héroes! Cae el Jefe legionario (II)
Javier Martí
La noticia de la muerte del Jefe del Tercio, el teniente coronel Rafael Valenzuela Urzaiz, causó honda impresión en Melilla. En todas sus clases sociales se notó el profundo, sincero y sentido pesar. Se comentaba por doquier y resaltaban sus dotes de carácter, caballerosidad y afabilidad que enaltecían su prestigiosa figura en una aureola de modestia y simpatía.La Cámara Agrícola y la de Comercio encargaron hermosas coronas de flores naturales con una sentida dedicatoria: "Homenaje póstumo de veneración a cuantos sacrificaron su vida por la Patria en la heroica figura del primer jefe del Tercio teniente coronel Valenzuela", que fueron depositadas sobre el féretro del insigne legionario.Por acuerdo unánime del pleno de esta Cámara, se rogó a todos los agricultores y comerciantes melillenses que, "para rendir sentido homenaje a la memoria de los que sucumbieron por la Patria en las últimas jornadas y exteriorizar los sentimientos de admiración y leal asistencia a nuestro querido ejército, acompañen al cadáver del heroico teniente coronel del Tercio don Rafael Valenzuela, en su conducción".La presidenta de la Cruz Roja recibió un telegrama de la madre del heroico jefe: "Madre jefe Tercio ruega cubran de flores a su heroico hijo. Joaquina Urzaiz". Al día siguiente recibía respuesta: "cumpliendo su honroso y triste encargo, una comisión de esta Junta de señoras de la Cruz Roja ha depositado hoy sobre el cadáver de su heroico hijo unas flores, testimoniando así el pesar que, como españolas, sufrimos por la pérdida del que tan alto supo poner el nombre de nuestra Patria".El capitán ayudante del Tercio, Ortiz de Zárate (herido en Tizzi Assa), dirigió a Millán Astray un telegrama: "Alcanzó heroica y gloriosa muerte en el sangriento combate de hoy, el teniente coronel Valenzuela. Al lanzarse al asalto el primero, al grito de Viva la Legión, recibió un balazo en el pecho y otro en la cabeza. Ha muerto, pero vivirá eternamente en el corazón de todos los legionarios. ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!".Entierro legionarioPreviamente al sepelio del teniente coronel Valenzuela, se produjo el entierro de los tenientes del Tercio Sanz Perea y Sendra, acto que presidió el jefe de la columna, coronel Gómez Morato, acompañado por el comandante del Tercio, Lucas Mercader.Los féretros que guardaban los restos de estos oficiales fueron envueltos en la bandera nacional, rodeados por coronas ofrendadas por la Legión con sentidísimas dedicatorias.En el momento de dar la sepultura, el coronel Gómez Morato intervino de la siguiente manera: "Yo os despido en nombre de la Legión y de todo un Ejército. Os doy un adiós en su nombre. Vuestro recuerdo perdurará siempre en nuestra memoria. Habéis muerto gloriosamente, excediéndoos en el cumplimiento de vuestro deber, escribiendo una de las más bellas páginas de gloria en el historial del Ejército español. Que Dios os acoja y entréis en la gloria, que bien la merecéis por vuestro comportamiento. ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!".9 de junio, entierro de ValenzuelaSi en innumerables ocasiones se ha mostrado cariño hacia la Legión, la jornada del 9 de junio de 1923 una ciudad completa rindió homenaje al Tercio en la figura del teniente coronel Valenzuela.Melilla, sin distinción de clases, religiones ni razas, hizo honor a su tradición y sintió intensamente los dolores y las glorias del Ejército. Cada jefe, oficial o soldado que rendía generosamente su vida a la Patria en los campos vecinos, se incorporaba a Melilla, guardadora amorosa de sus cenizas y conservadora de sus glorias.El homenaje que dio Melilla entera, con la participación de miles de personas, comenzó con el traslado del féretro hasta el puerto, donde embarcaría rumbo a Málaga con destino Zaragoza, ciudad en la que recibió sepultura, en el Santuario del Pilar, en cuya cripta quedaría guardando reposo eterno.El acto duró tres horas desde que comenzó en el cementerio. Además de una nutrida representación de los efectivos de la Comandancia Militar de Melilla, acompañaron a la fúnebre comitiva miles de personas, pudiendo decirse que toda la ciudad estaba allí representada, no recordándose manifestación de duelo tan grandiosa.Conforme avanzaba por la ciudad, el comercio cerró sus puertas, asociándose al sentir general. En todas las calles se agolpaba enorme gentío, costando gran trabajo abrir paso.Cuando llegó al muelle, todas las fuerzas que se hallaban allí formadas rindieron honores al cadáver del heroico teniente coronel Valenzuela, presentando armas e interpretándose la Marcha Real (Batallón de Melilla, una compañía de Ingenieros, una batería de la Comandancia de Artillería, una compañía de Intendencia y un escuadrón de Caballería).El coronel jefe de Estado Mayor dio lectura a la orden que concedía la Medalla Militar al heroico jefe del Tercio. Seguidamente, el Comandante General se dirigió a los allí congregados."Soldados: delante del cadáver del heroico teniente coronel Valenzuela, que murió cubriendo su nombre de gloria en defensa del honor de España, debemos todos jurar, como buenos españoles, dar la vida por la Patria si llegara el momento. Ante el cadáver del glorioso Valenzuela gritemos: ¡Viva España! ¡Viva el Ejército! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!".El gentío y las fuerzas que se hallaban formadas en tan solemne momento, contestaron clamorosamente estos entusiastas y patrióticos vítores.El general Echagüe, jefe de las columnas en el momento de la muerte del jefe del Tercio, colocó sobre el féretro la condecoración, y dijo:"En nombre de la nación impongo al teniente coronel Valenzuela la Medalla Militar. El mayor honor y la más grande satisfacción de mi vida ha sido imponer esta medalla al teniente coronel Valenzuela. ¡Viva España! ¡Viva la Legión!".El jefe accidental del Tercio, comandante Lucas, intervino de la siguiente manera:"Excelentísimos señores, soldados: ha caído nuestro prime jefe, el heroico teniente coronel Valenzuela, y hasta que caiga el último de los soldados de la Legión, los legionarios seguiremos cumpliendo con nuestro santo deber de pelear por la Patria. Ha caído nuestro primer jefe. ¡Gloria al teniente coronel Valenzuela! Aunque el dolor de haberlo perdido inunda nuestro corazón, gritemos ahora, con más ardor que nunca ¡Viva España! ¡Viva la Legión! ¡Viva el Rey!".Tras estos parlamentos dio comienzo el desfile de las fuerzas que habían formado, pasando ante el cadáver del que fue bravo jefe legionario. Primero desfila el piquete del Tercio que había custodiado la comitiva, dándose entusiastas vivas a la Legión. Después lo hicieron los alféreces Casado, Díaz Criado, Tenorio y Esteban, que se encontraban heridos, al frente de unos cincuenta legionarios también heridos en los combates de los últimos días.El paso de estos soldados produjo en la concurrencia una extraordinaria emoción. Los valientes alféreces y soldados del Tercio que vertieron su sangre por la patria vitoreaban sin cesar a España y a la Legión, contestando millares de personas, poseídas todas por el mismo sentimiento sublime de patriotismo.Después se procedió a embarcar el féretro en el cañonero Bonifaz, con dirección a Málaga, y de allí continuaría el traslado en ferrocarril hasta Zaragoza, reposando desde entonces el teniente coronel Valenzuela en el templo del Pilar.Diario El Telegrama del RifPasan los legionarios heridosSe acababa de imponer la Medalla Militar sobre el féretro envuelto en la bandera española, que encerraba el cadáver del teniente coronel Valenzuela. No se habían extinguido los atronadores vivas a España, al Rey y a la Legión. Aún resonaban en los oídos de la muchedumbre apiñada las palabras pronunciadas en honor del héroe, que fueron un cando al amor patrio y al sacrificio. Los pechos alentaban conmovidos, y a los ojos acudían destellos que reflejaban que todos los pensamientos se habían fundido en uno solo, grande y elevado.En aquellos culminantes momentos, todos se consideraban pequeños y sentían envidia ante la grandeza del que ya no existía. Mas no habían terminado las emociones.Suena una banda militar, desfila airosamente una sección de legionarios, que rinden el postrer homenaje al que fue su jefe, dando un sonoro ¡viva! Y tras ellos, un centenar de héroes, de esos chacales que van siempre delante, heridos por el plomo rifeño. Unos cojeando, otros envueltos en gasas, con los brazos en cabestrillo, con muletas, o llevados entre varios, y a la cabeza de ellos los oficiales que también derramaron su sangre en las pasadas jornadas, que despreciando los dolores de la carne, abandonaron los hospitales y acudieron a decir adiós al que los condujo a escribir una página gloriosa.Al paso de aquel puñado de valientes, la multitud, respetuosa y conmovida, se descubre. Los corazones aceleran su ritmo y muchos miles de manos se juntan para dar el más sonoro y ferviente aplauso de admiración.Fue un momento grandioso, inolvidable, un tributo rendido espontáneamente al valor.
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