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Riffien
Ceuta, 24 de febrero de 2005
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¿Sabes a qué has venido? Has venido a morir
Javier Martí
La llegada de los primeros contingentes de alistados en los distintos banderines de enganche dispuestos por la geografía nacional allá por el mes de septiembre de 1920, además de producir entusiasmo en Millán Astray, imponía la necesidad de elegir de entre todos ellos a los que se quedarían para vestir el uniforme verde.El teniente coronel los recibía en el patio del Cuartel del Rey y les dirigía una mirada firme e inquisitora mientras les hablaba del futuro que encontrarían en el Tercio."Habéis llegado a este cuartel para adquirir el compromiso más honroso de vuestras vidas: os vais a consagrar a la Legión. Ella os recibe con los brazos abiertos y os ofrece honores, gloria y olvido también. Sentiréis un orgullo desconocido hasta ahora: el de ser legionarios. Aquí recibiréis vuestras cuotas y percibiréis los haberes prometidos. Podréis ganar galones y alcanzar estrellas, pero a cambio de esto, los sacrificios han de ser constantes, en el combate defenderéis los puestos más duros y peligrosos, y muchos de vosotros moriréis en la pelea. Nada hay más hermoso que morir con honor, por la gloria de España y de su ejército; ya lo aprenderéis así... Caballeros legionarios: ¡Viva la Legión!"Luego, en su despacho, los iba recibiendo individualmente, y queda para la historia alguna de aquellas conversaciones:"¿Sabes a qué has venido?¡Has venido a morir! ¡Sí, has venido a morir! Porque desde que has pasado el Estrecho ya no tienes ni madre, ni novia, ni familia; desde hoy todo esto lo será la Legión. El servicio ha de estar por encima de todo, en el honor que te has impuesto de servir a España y a la Legión".Si alguno flaqueaba, salía a relucir la posibilidad de dar marcha atrás en la decisión de alistarse. Bastaba con decir en el reconocimiento médico "me duele la garganta", y se le daba pasaporte para su lugar de origen.Una vez pasado el reconocimiento médico, en el que se descartaba a los débiles, los enfermos, los que no eran válidos para el servicio, se les facilitaba los primeros uniformes y formaban de nuevo en el patio, donde ya, como legionarios, el jefe los acogía."A la Legión no se viene a disfrutar de comodidades; el trabajo es fuerte y son muchas las privaciones. El enemigo tira bien y los balazos duelen, y más aún si alcanzan un hueso. Pero en la Legión encontraréis amor, amparo y amistad. Se os exige ser valientes y acatar la disciplina; a cambio se os da oportunidades de gloria, los sueldos prometidos, comida sana, ropa y recompensas. ¡Que seáis dichosos aquí y que Dios os conceda lo que cada uno viene buscando!"
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