Riffien
Ceuta, 17 de febrero de 2005
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Los del "Tigre" (anécdotas legionarias)
Javier Martí
En los primeros años de existencia del Tercio de Extranjeros (finales de 1920 y 1921) se solía llamar a los legionarios según la Bandera a la que pertenecían. De igual forma, se identificaban por su ubicación en alguna compañía específica, y me explico: como las primeras Banderas que se formaron lo hicieron a la vez, la numeración de las compañías fue correlativa. Así, la Primera Bandera tenía las compañías 1, 2 y 3; la Segunda Bandera, 4, 5 y 6; la Tercera Bandera, 7, 8 y 9. La creación de la Cuarta Bandera conllevó las compañías 10, 11 y 12. Y a partir de aquí una ampliación de dotación adscribió una compañía más a cada Bandera y la numeración se hizo ya compleja. De esta manera, a la Primera Bandera le correspondió la compañía 12, y sucesivamente.

Por ello, los legionarios de la 15 compañía estaban en la Tercera Bandera, que portaba en su guión un tigre en actitud rampante. Y como su bautizo de fuego ocurrió en la posición de Buharrat, ferozmente defendida por estos soldados, además de llevar una corbata con el nombre de aquella operación, pasaron a llamarse "los tigres de Buharrat".

Se cuentan diversas anécdotas de la compañía 15, "los legionarios de la niña bonita", que merecen permanecer vivas por lo curioso de las mismas.

En uno de los convoyes a Tizzi Assa (o Tizzi Azza, según diversos autores de la época) quedó patente la "sed" que padecían estos soldados. La 15 compañía recibió orden de proteger una sección de ametralladoras y llenar sacos terreros para hacer el parapeto. Una vez realizado se incorporan al despliegue de guerrilla a poco más de 500 metros de la posición. Pero para llegar al punto indicado tenían que pasar un desfiladero en columna de a uno. Primero pasaron las mulas con cargas de municiones y víveres, pero una de las cubas de vino perdió el tapón y comenzó a derramar el rojo líquido.

Imaginemos la escena: terreno árido y escarpado, disparos enemigos constantemente acechando a los legionarios, amigos y compañeros que reciben heridas, fragor de combate y calor, mucho calor. Ante esto, los legionarios ven que se les escapa el vino con el que esperan compartir un buen rato cuando acabe la operación.

Pues bien, ante esto, la reacción de los que no habían pasado aún fue de saltar hacia los charcos de vino y aprovechar todo lo que no se había bebido la madre tierra entre disparos de los enemigos y las risas de los demás compañeros que les veían desde la otra parte del desfiladero, apretándose con las dos manos la barriga de tanto reír.

La suerte, como muchas otras veces, estuvo del lado de los legionarios. Ninguno de estos "sedientos" resultó herido.
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