Ruiz de Castro es el pseudómimo habitual del autor, escritor ceutí especialmente interesado en todos los temas relacionados con su tierra de nacimiento por la que profesa singular veneración.
Apasionado por la historia y por la literatura relacionada con el mar dedica parte importante de su tiempo a esta afición. Siendo Ceuta su principal interés, también tratará cualquier tema nacional e internacional de actualidad, siempre bajo su punto particular punto de vista. DE PENOL A PENOL es un término que refleja, quizás, el momento culmen del enfrentamiento entre dos navíos aunque desde esta columna no se busca confrontación alguna sino la defensa de unas ideas con todo el ardor y con todo el corazón del que uno es capaz. |
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De penol a penol
Ceuta, 21 de diciembre de 2005
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Triste Navidad
Ruiz de Castro
Cuando era pequeñito, nunca llegué a comprender por qué mi padre, cada vez que llegaba la época navideña, decía sin titubear 'odio estas fechas'. Para mí siempre resultó ser algo inaudito ¿A quién no le podía gustar las luces, los regalos, las cenas y comidas con la familia, el árbol en casa con todos sus brillantes colores, las calles atestadas de caras sonrientes...? Sin embargo, pasan los años, y como bien dice la canción, 'pesan más los daños', y uno empieza a comprender. Ayer, paseando por la calle, me fijé en la multitud de adornos navideños que pululan por doquier, con los escaparates nevados llamando al consumo, las sempiternas bombillas que parecen ser la cifra de la felicidad (según nuestros gobernantes, pues siempre resaltan su número exacto) y esa modita del maldito Papa Noel que cuelga del balcón y que me hace sufrir un amago de infarto cada vez que me topo con su rojiblanca figura. Saber que tenemos la Navidad ahí mismo (aquí mismo, más bien) ensombrece mi corazón, y me doy cuenta de que quizás ya he cruzado ese límite en donde la nostalgia le va ganando metros a la ilusión, y las fotos se convierten en un reclamo imprescindible. Lo peor, y estoy casi seguro de ello, es darse cuenta de que falta gente a tu lado, personas que querías y que ya no están (o si están, sólo a medias), ya sean familiares, amigos o muy buenos amigos, y que te hicieron vivir momentos especiales que no volverán. Reconozcámoslo. La Navidad esconde tras la alegría, los villancicos, las buenas intenciones, los abrazos, los besos, el champán, la felicitación de la abuela, los regalos, los programas benéficos, la sonrisa de los chiquillos, los propósitos de renovación, el pollo en pepitoria, las figuritas del belén y, en definitiva, toda esa parafernalia casi obligada, el temido y no deseado paso del tiempo, con todas las consecuencias que ello conlleva. Por mi parte se acabó el ser niño, tanto de cuerpo como de mente, y me limitaré a contentarme con que los que me rodean sean capaces de disfrutar con lo que para mí es imposible. Pero no seré yo el que trate de amargar con este humilde escrito tan entrañables momentos a nadie. Pondré como siempre la mejor de mis sonrisas forzadas y brindaré con todos ustedes por una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo. Faltaría más.
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