Ruiz de Castro es el pseudómimo habitual del autor, escritor ceutí especialmente interesado en todos los temas relacionados con su tierra de nacimiento por la que profesa singular veneración.

Apasionado por la historia y por la literatura relacionada con el mar dedica parte importante de su tiempo a esta afición. Siendo Ceuta su principal interés, también tratará cualquier tema nacional e internacional de actualidad, siempre bajo su punto particular punto de vista.

DE PENOL A PENOL es un término que refleja, quizás, el momento culmen del enfrentamiento entre dos navíos aunque desde esta columna no se busca confrontación alguna sino la defensa de unas ideas con todo el ardor y con todo el corazón del que uno es capaz.







De penol a penol
Ceuta, 30 de noviembre de 2005
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El Paseo del Revellín y sus peligros
Ruiz de Castro

Hace un tiempo, un amigo me dijo que las calles peatonales crean inseguridad.

Por entonces, recuerdo no haber estado demasiado de acuerdo ante tal afirmación, ya que la comodidad de andar por una vía exenta de aceras estrechas y del estrépito del tráfico es un lujo del que pocos gustarían prescindir.

Sin embargo, tan contundente argumentos se tambalearon ayer en mi interior cuando, bien adentraba la noche, me encaminaba a casa tomando el remodelado Paseo del Revellín.

La mole de 'pascueros' (Euphorbia pulcherrima) recreando de forma basta los colores de nuestra bandera (la española) que se pueden apreciar a la altura del edificio Zara, tenían ocupada aún mi mente cuando, mirando hacia donde alcanzaba la vista, me encontré ante una escalofriante desolación, puesto que ni un alma rondaba por unas cercanías humedecidas por la lluvia reciente.

Un excelente lugar para que te roben hasta los cordones de los zapatos y sin testigo alguno era lo que iba pensando con el eco de mis pisadas como única respuesta.

La visión de las señoras putas no me tranquilizó en demasía, ya que aún me quedaba un buen trecho por delante y continuaba siendo el único viandante, echando vistazos a diestra y siniestra constantemente, atento a los portales y a las calles anexas, esperando en cualquier momento que un amigo de lo ajeno apareciese para tomar posesión de mis pertenencias sin mi aprobación.

El trago, afortunadamente, no tardó mucho, y por fin llegué a la parada de taxis no sin antes volver la mirada para comprobar que nadie me seguía y que los únicos ruidos y sombras que había presenciado estaban en mi imaginación.

Ya en el coche, y con la intrascendental conversación del amable conductor como fondo, me tranquilicé para reflexionar y cambiar levemente mi punto de vista acerca de las calles peatonales y del Paseo del Revellín, paso obligado para muchos de nuestros paisanos.

Sin duda, el nuevo perfil que nuestro gobierno le ha dado a este importante núcleo circulatorio es digno de alabanza, aunque no es menos cierto que se deberían de tomar algunas medidas para que los que por allí se adentren se sientan seguros y no expuestos a posibles altercados, que Ceuta no es lugar fácil y su fauna no acoge exclusivamente a honrados ciudadanos.

Habrá quien piense que exagero.

Tiempo al tiempo.

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