Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.

Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta.

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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 20 de mayo de 2009
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No fue así
Manuel Calleja

Me ha llamado mucho la atención las declaraciones de Aznar atribuyendo el cambio político que ha tenido lugar en el País Vasco al que fuera presidente del PP Vasco y ahora candidato al Parlamento Europeo por este mismo partido, Jaime Mayor Oreja. Es curioso como Aznar y otros ideólogos radicales de la derecha española intentan reelaborar no ya la historia, sino también lo que ha sido actualidad más reciente.

La estrategia política en el País Vasco encabezada por Mayor Oreja y el PP terminaron en fracaso. Un notorio fracaso que se sustanció con la subida que éste a un ministerio y por una sucesión de políticos de segunda y de tercera fila al frente de los populares vascos.

El Partido Popular no supo ni pudo ganarse el centro político de la sociedad vasca. Por el contrario prefirieron mantener un discurso altisonante y agresivo que conseguía alejar a muchos moderados y hasta entregarlos en brazos del nacionalismo del PNV, que al menos se presentaba como garante de eso que el centro político valora sobre todas las cosas: "el mantenimiento de la normalidad".

Los sucesores del Mayor Oreja se fueron radicalizando cada vez más. De un Iturgaiz realmente perdido en la política autonómica y con un partido perdiendo progresivamente apoyos sociales, se pasó a María San Gil que consideró que ella sola podía condicionar totalmente la política nacional del Partido Popular, intentando representar a quienes objetivamente no representaba y reclamando un inventado derecho de veto sobre determinadas cuestiones.

El PSOE realizó el cambio y con sensatez. Redondo Terreros fue sustituido por Patxi López y éste supo ganarse progresivamente al centro político que esperaba propuestas y gestos por parte de los partidos no nacionalistas que rebajaran la tensión a la situación política.

Por ello mismo Patxi López fue estigmatizado de todas las formas por los sectores más recalcitrantes de la derecha, dándole todo tipo de calificativos, ninguno de ellos positivos. La idea de Patxi López de ir a lo que a la mayoría interesaba, formulada como la realización de "propuestas transversales", sí ha sabido calar dentro de la sociedad vasca, posibilitando la conformación de una mayoría suficiente para dar lugar al primer gobierno socialista vasco y a ver al PNV en la oposición.

No sólo se conformaron con descalificar la línea seguida por Patxi López y los socialistas vascos. Un "sindicato", siempre cercano a los postulados más intransigentes de la derecha, intentó condenar al ahora Lehendakari. Lo intentó, pero no consiguió convertir en penal a toda política diferente a la que ellos mantienen.

La investidura de Patxi López como Lehendakari no ha sido la culminación de un proceso iniciado por Mayor Oreja, todo lo contrario. Fue necesario romper con ese proceso e iniciar uno nuevo, renovando incluso la cúpula del socialismo vasco, para apostar por la "transversalidad" y no por el enfrentamiento. Si Patxi López ha conseguido los apoyos suficientes ha sido porque las cosas se han hecho de otra forma, esto es, porque se ha abandonado el estilo de Mayor Oreja.

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