Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 27 de mayo de 2009
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El anhelo del pasado y la agenda oculta del PP
Manuel Calleja
El debate de ayer dejó diáfana la distancia entre el candidato socialista, López Aguilar, y el candidato popular, Mayor Oreja. La misma que hay entre el espíritu contrarreformista y la mentalidad de la Ilustración, entre el espíritu oscurantista y el científico, entre los que sueñan con un pasado autoritario y quieren volverlo hacerlo presente, y los que apuestan por una sociedad aún más democrática y que busque día a día un nuevo futuro. La estrategia de Mayor Oreja fue muy clara. Quería exaltar los ánimos de los sectores más conservadores, siendo generoso en mi apreciación, para conseguir que vayan a votar en unos comicios en los que se prevé una alta abstención y que esta derecha de la derecha sea decisiva. Mayor Oreja se opuso uno a uno a todos los avances sociales que en estos treinta años España ha vivido. Mayor Oreja ha defendido un concepto de familia que es ajeno a la mayoría de los españoles. Para Mayor Oreja no es familia ni siquiera la que tiene un hombre o una mujer divorciados con sus hijos. Mayor Oreja que llegó a reclamar la figura del "padre de familia" se remontó a la Ley de las Doce Tablas para deleite de los sectores más reaccionarios de la sociedad española y para el temor de la inmensa mayoría. Mayor Oreja todavía no se ha enterado que en una sociedad democrática la primacía absoluta la tienen los individuos y no las instituciones sociales. Uno de los dos pilares de una democracia, junto a determinado esquema político-institucional, es el reconocimiento de los derechos individuales y la protección del libre ejercicio de estos. Los del PP nos han querido convencer que son liberales, pero si alguno hay dentro de ese partido, ayer delante de la televisión debería estar sintiendo todos los picores físicos y mentales posibles al escuchar a su candidato negar una y otra vez la capacidad y la libertad de los individuos a la hora de tomar sus propias decisiones. Por lo menos hemos de agradecerle a Mayor Oreja la claridad en su reclamación de la involución social, en su añoranza de todo tipo de autoritarismo social y en su deseo de que el individuo deje de ser el sujeto de imputación de derechos, para serlo únicamente de obligaciones. En lo que no fue claro, fue en la agenda política del PP, una agenda que se empeñan en mantener oculta. El PP reclama una desregulación absoluta del mercado, la misma que ha sido la causa de la profunda crisis económica que vivimos. Como muy bien le contestó Fernández Aguilar ellos quieren que las personas tengan menos derechos para que las empresas los tengan todos, para que la avaricia de unos pocos recorra libremente las venas del cuerpo social como la enfermedad parasitaria que es, hasta dejarlo exhausto, como se está viendo en el presente. Mayor Oreja reclama la libertad sólo para unos cuantos, una libertad extensísima que se ha de pagar con la restricción de la libertad de casi todos. Mayor Oreja busca, y el PP con él, que seamos dóciles en nuestra vida privada o obedientes en la vida pública ante aquellos que ellos protegen, que parecen ser que son los que presuntamente les regalan trajes, les preparan primeras comuniones y les buscan carísimas entradeas para representaciones de circo a altos cargos para hacerse con jugosos contratos, o que bien dedican los recursos públicos a espionar, también presuntamente, a oponentes políticos.
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