Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 18 de febrero de 2009
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Siempre lo mismo
Manuel Calleja
Algunos parecen que no se enteran de que el cambio de circunstancias exige un cambio en las medidas que se deben adoptar. Desde las organizaciones patronales y desde el partido de la derecha se insiste en las bajadas impositivas generalizadas y en el abaratamiento del despido como medio para conseguir salir de la crisis. Estas medidas son las mismas que pedían cuando la economía crecía desorbitadamente. Algo debe estar mal en determinadas doctrinas económicas y políticas cuando siempre proponen lo mismo independientemente de la situación económica y social. Tienen poca credibilidad quienes siempre recomiendan lo mismo pase lo que pase, demostrando así que sus intereses no son los de la mayoría. Las rebajas fiscales generalizadas no son una buena idea en estos tiempos de crisis que estamos viviendo. El hecho de disminuir los ingresos que los contribuyentes, especialmente las empresas, tienen que aportar al Estado no implica necesariamente que esa cantidad, muchas veces pequeñas vistas una a una, vaya a llevarse a la inversión. Lo que sucederá normalmente es que se queden en las reservas de las empresas, por lo que pueda venir. La consecuencia de estas rebajas fiscales es que el Estado tiene menos recursos cuando más los necesita y que el dinero no fluirá desde las empresas a la sociedad. En los próximos meses y años el Estado tendrá que retomar cuantiosos gastos para dinamizar la economía, de forma que si se le eliminan ingresos para que estos se queden decorando balances, lo único que estaremos es acrecentando el déficit. Tampoco entiendo cómo se consigue crear empleo abaratando el despido, por más que he hecho verdaderos propósitos para entenderlo de la forma más empática. Cuando se abarata el despido, lo que se incentiva es el despido y no el empleo. Una empresa contrata a un trabajador cuando le hace falta, independientemente del coste que el despido de ese trabajador podría tener. Todo esto es más extraño cuando nuestro país es el paraíso de la temporalidad en la contratación laboral, una forma que no genera derecho a indemnización por despido cuando finaliza el contrato. Además el abaratamiento del despido no es más que una estrategia para que las empresas puedan deshacerse de los trabajadores que llevan más años en ellos y que, en virtud de esa antigüedad, son los que tienen mayores percepciones salariales. Bajar el despido de un "menos de mileurista" que lleva un año trabajado no es significativo, pero cuando se le elimina parte de la indemnización por despido a millones de trabajadores con muchos años de antigüedad sí estamos ante algo realmente preocupante. Lo que se pretende es echar a la calle a trabajadores de más de cuarenta años, pagándoles una miseria de indemnización, y contratar a personas a "bajísimo coste" para los empresarios y con un alto coste personal y social, ya que tendrán serias dificultades para encontrar un nuevo puesto de trabajo. En un país que ya tiene, según los datos de la EPA, más de tres millones de parados no parece que lo más recomendable sea dar facilidades para que haya más parados. La cohesión social depende de ello y es más, la solidaridad de la que muchos empresarios se benefician en forma de infraestructuras que disfrutan en su actividad, exige que den mantengan los empleos por más que sus contabilidades puedan quedar algo perjudicadas.
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