Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.
Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta. |
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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 4 de febrero de 2009
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Presidente Pedro Gordillo
Manuel Calleja
Los momentos en los que se demuestra quien ejerce verdaderamente el poder, en quien reside la auténtica capacidad de decisión, son los momentos especialmente críticos y difíciles. Al menos eso es lo que Carl Schmitt mantuvo hace ya bastantes décadas. En medio del escándalo por la agresión de un alto cargo del PP a un afiliado de CCOO Juan Vivas hizo el ademán de cesar inmediatamente al militante popular. Ese ademán duró algo así como un día. Hasta que Pedro Gordillo le dijo que eso no se iba a hacer. Las palabras de Juan Vivas, para justificar su no cese, muestran muy a las claras que él no manda. Dijo que no se podía cesar a esta persona en el Consejo de Gobierno si el consejero del que depende no presenta la propuesta de cese. En un gobierno normal, si un consejero no presenta el cese que el Presidente le pide, el cesado es el consejero. Esto sucede en un gobierno normal en el que el Presidente es el que manda y ese consejero está sometido políticamente a éste. Si el consejero demuestra que puede librarse del cese es porque está sobre el Presidente, porque no depende de él y puede situarse al margen de sus decisiones en el momento que le plazca. Este consejero no es otro que Pedro Gordillo, que ha demostrado ser el verdadero Presidente de la Ciudad, el que hace lo que quiere sin temor al cese y dicta a Juan Vivas lo que tiene que hacer o lo que en todo caso nunca debe hacer. Gordillo manda y le dice a Juan Vivas qué al Consejo de Gobierno va lo que él dice y, de camino, parece que le está mandando el mensaje de que no crea de verdad que él es el Presidente. Gordillo ha demostrado su poderío y se ha quitado la máscara para poner a Juan Vivas en su sitio. Ya no cabe disimular más, ni mantener las apariencias ni esta absurda comedia que dura más de un año. Juan Vivas no manda, no puede nombrar ni cesar libremente a nadie. A este paso un día puede que se le haga firmar los decretos de nombramiento de consejeros que él ni conozca o que le pregunten qué pinta en tal reunión o que todas sus instrucciones sean sometidas al visto bueno de Pedro Gordillo. Después de este episodio deberíamos referirnos a Pedro Gordillo como Presidente y a Juan Vivas como Adjunto a la Presidencia, "reinante pero no gobernante" o quizá sea el primer Presidente honorario de una autonomía en España. No tengo duda de que Juan Vivas sabe, en su conciencia, que está siendo relegado a un papel de mero figurante político, prestando su cara y su sonrisa para que Pedro Gordillo opere a sus anchas y tras el escenario. Juan Vivas conoce su papel y parece que lo acepta. Me asalta la pregunta sobre qué sentirá Juan Vivas, cada noche, al quitarse las cuerdas con las que el titiritero le maneja a él y a su gobierno. El problema es que, por muy bueno que sea el operador, a la marioneta siempre se le acaban viendo las cuerdas.
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