Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.

Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta.

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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 14 de enero de 2009
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Autobuses
Manuel Calleja

El servicio de autobuses en Ceuta no es ni malo ni bueno, sencillamente porque está al borde de la inexistencia. Llamar transporte público a ese conjunto de viejos vehículos es un insulto a lo que cualquier persona considera como tal.

Por esas cosas extrañas que pasan en Ceuta la actual concesión para la explotación del servicio de autobuses urbanos procede de los años sesenta, que fue concedida por el Estado y que se pasó tal cual a la Ciudad. La duración de la concesión, de esas propias del Franquismo, provoca situaciones indeseables de falta de estímulo para la empresa concesionaria.

Los autobuses son, casi todos, viejos de solemnidad. Normalmente las empresas concesionarios o los municipios que directamente (o a través de empresas municipales) prestan este servicio intentan tener autobuses modernos, con adaptaciones necesarias y con una imagen que es también la imagen de la ciudad.

Los autobuses son, casi todos, inaccesibles para las personas mayores o para los que tienen alguna dificultad de movimiento. Muchas personas de avanzada edad tienen que ser ayudadas para pasar porque nivel entre el suelo y los autobuses es tan elevado que supone un obstáculo a muchos de nuestros mayores que necesitan de los autobuses para desplazarse por la ciudad.

Los autobuses tienen una limpieza generalmente escasa. No sé cuántas veces son sometidos a una limpieza a fondo con la maquinaria precisa para esas labores, pero me sospecho que no demasiadas.

Las rutas o líneas son cambiantes y muchas veces dependen del capricho no se sabe muy bien quién. La cantidad de vehículos es insuficiente y sobre todo a las horas puntas, las de mayor afluencia, para atender la demanda que existe entre los ceutíes.

Junto a los usuarios, los trabajadores de la empresa están perjudicados también por una situación en la que su seguridad personal es atacada y por tener que realizar su labor de una forma mejorable desde muchísimos puntos de vista.

Lo pero de todo esto es que el gobierno de la Ciudad se ampara en la concesión de los años sesenta para no pedir a la empresa que el servicio sea el que los y las ceutíes se merecen. Al final del pasado mandato de la Asamblea se aprobó una propuesta para redacta un reglamento de transportes (competencia de estreno de la ciudad Autónoma) para poner coto a la situación de los autobuses urbanos. Nada se ha sabido más de ese reglamento.

Contra lo que la Ciudad dice, ésta sí tiene armas para obligar a la empresa concesionaria a dar un servicio presentable a los y a las ceutíes. Ese instrumento se llama Reglamento de Servicios de las Corporaciones Locales que regula la pérdida de la concesión por inadecuación del concesionario a las exigencias legales.

Hay una multitud de normas que habría que obligar a la empresa concesionaria a cubrir con la consecuencia, de que si no lo hace, pierde la concesión. La Ordenanza de Accesibilidad y otras muchas más normas, municipales y estatales, son de obligados cumplimiento y la vigilancia de ésta le corresponde a la Ciudad Autónoma: ¿qué hacen en este sentido?

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