Manuel Calleja Salado, Sevilla, 1974, licenciado en Derecho y en Filosofía por la Universidad de Sevilla, es profesor en el IES Luis de Camoens de nuestra ciudad. Así mismo, es miembro del Consejo Sindical de CC.OO. de Ceuta, consejero del CES de la Ciudad Autónoma y militante del PSOE ceutí.

Como autor, ha desarrollado temas relacionados con el Derecho Constitucional y el pensamiento contemporáneo en diversas publicaciones especializadas. Desde noviembre de 2006, cuenta con una columna semanal titulada "Asimetrías Urbanas" en el diario El Faro de Ceuta.

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Asimetrías Urbanas
Ceuta, 26 de noviembre de 2008
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De las lacras sociales
Manuel Calleja

Decía San Ignacio de Loyola, en sus memorables Ejercicios Espirituales, que al mal no sólo hay que combatirlo cuando adviene la tentación, sino que hay que realizar un "oppositum per diametrum"; esto es, hay que llevar un comportamiento constante contrario no sólo al mal sino también al advenimiento de la mera tentación.

Habrá quien esté harto de lo pesadas que se han puesto todas las cadenas de televisión y las emisoras radiofónicas con el día mundial contra la "Violencia de Género". Una intensidad que, hay que ser justo, se mantiene durante buena parte del año.

Esa hartura podría ser interpretada, en términos publicitarios, como una saturación del receptor, pero tengo la impresión de que no es así. Muchos de estos quejicas se "saturan" al primer mensaje y solamente ellos saben el porqué.

Cuando la intención es terminar con una lacra que esté dentro de la sociedad no se puede ser discreto, insípido y jugar al deleite comunicativo. Hay que ser constante, pesado, molesto, agitador y provocativo.

No estamos ante un problema que todo el mundo vive y valora como un problema. No hace falta concienciar de que el paro es malo, porque todos estamos de acuerdo con esto, y el que diga lo contrario será tildado de idiota.

Este grave problema no es considerado como tal por muchas personas, incluso por una parte de la víctimas. No se puede "problematizar" un comportamiento que se ha considerado una cuestión personal o, en todo caso, únicamente una disfuncionalidad de la convivencia familiar.

Los comportamientos bien prendidos en el tejido social sólo pueden ser "problematizados" si se dice una y otra vez, si no se para denunciarlo y de marcarlo como problema y crimen. Es evidente que hay días, como ayer, en los que todas las posibilidades se vuelcan y así debe ser.

Si las asociaciones feministas, los medios de comunicación y cientos de actores sociales no llevaran muchos años actuando, esta lacra de la violencia contra las mujeres seguiría estando escondida vergonzosamente, tapada bajo cientos de cerrojos de silencio y cegado por las miradas voluntariamente dirigidas a otro lugar.

Las campañas de conciencia no tienen un efecto automático y taumatúrgico. Las campañas de concienciación quieren incidir, como su nombre indica, en la conciencia, cosa que no es nada fácil cuando ya se ha asentado el conjunto de conocimientos y prejuicios que nos definen.

Lo impactante dura poco y sus efectos, aunque llamativos, son efímeros. Sería un error criminal pensar que un éxito social momentáneo da por cumplidos los objetivos. Una empresa que gasta tanto en publicidad como Coca-Cola sabe que su producto es sobradamente conocido; es la marca, pero mantiene una publicidad de mantenimiento para que nadie le gane terreno. Lo que vale para vender refrescos, también vale para transmitir valores.

Las buenas campañas de concienciación son continuas, porque hay que mantener siempre viva la lucha contra el mal, porque siempre hay que aplicar el "oppositum per diametrum".

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